La guerra no tiene rostro de mujer (fragmento)Svetlana Aleksijevitj

La guerra no tiene rostro de mujer (fragmento)

"Regresaba a mi casa con cuatro cintas (las conversaciones de dos días) que contenían otra guerra, mis sentimientos eran diversos: el asombro y el miedo, la perplejidad y la admiración. La curiosidad y el desconcierto, la ternura. De vuelta en casa, les expliqué algunos episodios a mis amigos. Para mi sorpresa, la reacción de todos ellos fue la misma: «Demasiado horror, ¿cómo lo superó? ¿No se volvió loca?». O bien: «Estamos acostumbrados a leer sobre otra guerra, la que tiene unos límites exactos: ellos-nosotros, bien-mal. ¿Qué ha pasado aquí?». Pero a todos los vi con los ojos llenos de lágrimas y a todos ellos este relato les hizo reflexionar. Probablemente sobre lo mismo que a mí. La humanidad ha vivido miles de guerras (hace poco leí que en total se habían contabilizado más de tres mil, entre grandes y pequeñas), sin embargo, la guerra sigue siendo un gran misterio. Nada ha cambiado. Para descifrar el misterio intento reducir la Gran Historia hasta darle una dimensión de persona. Espero hallar las palabras. Porque en este terreno supuestamente reducido y cómodo para la observación, en el espacio de una sola alma humana, todo es aún menos concebible, menos predecible que en la Historia. Me encuentro ante las lágrimas vivas, ante los sentimientos vivos. Ante un rostro humano real, al que durante la conversación recorren sombras de miedo y de dolor. A veces incluso surge ese subversivo pensamiento sobre la escurridiza belleza del sufrimiento. Entonces me asusto de mí misma...
El único camino es amar al ser humano. Comprenderlo a través del amor.

La calle donde vivo en Minsk lleva el nombre de Vasili Zajárovich Korzh, héroe de la Unión Soviética que participó en la guerra civil rusa, luchó en España, fue comandante de la brigada de partisanos durante la Guerra Patria. Todos los bielorrusos han leído sobre él o, como mínimo, han visto la película que narra su vida. Es toda una leyenda en Bielorrusia. Centenares de veces he escrito su nombre en los remites de las cartas, pero nunca he pensado en él como en una persona real. Hace tiempo que el mito ha sustituido a la persona. Se ha convertido en su doble. Aunque hoy recorro la misma calle bien conocida con un sentimiento nuevo: media hora de viaje en trolebús hasta la otra punta de la ciudad y conoceré a sus hijas, las dos lucharon en el frente, conoceré a su esposa. Delante de mí, la leyenda volverá a cobrar vida, tocará tierra. Lo grande se volverá pequeño. Por mucho que me guste mirar el cielo o el mar, observar un grano de arena por un microscopio me fascina aún más. El mundo en una gota de agua. Esa vida enorme e inverosímil que descubro allí. ¿Por qué la gente llama «pequeño» a lo que es diminuto o «grande» a lo que es amplio si ambos resultan igual de infinitos? Hace tiempo que no los distingo. Para mí, una persona es mucho. En su interior hay de todo, más que suficiente para perderme. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com