Los sacramentos de la vida (fragmento)Leonardo Boff

Los sacramentos de la vida (fragmento)

"La Biblia está llena de relecturas semejantes. El Nuevo Testamento es la última gran relectura de toda la historia pasada. Para los apóstoles y evangelistas, la vida, muerte y resurrección de Jesucristo ofrecían la luz definitiva con la que podían descifrar todo el sentido escondido del pasado. Para ellos, como para nosotros, Jesucristo resucitado constituye el hecho decisivo dula humanidad: en El se manifestó que la liberación de la muerte, de las limitaciones de la vida y del absurdo, es posible. Ese suceso no es un puro hecho casual de la historia; no es un aborto. Fue preparándose, fue siendo gestado dentro de la creación. Como decía San Agustín, la historia estaba grávida de Cristo y él fue creciendo hasta nacer. A partir de él podemos, igual que lo hizo el Nuevo Testamento, releer todo el pasado: cómo la misma creación ya estaba orientada hacia él; cómo Adán es imagen y semejanza de Cristo. El estaba latentemente presente en Abraham, en Moisés, en Isaías; hablaba por boca de Buda, de Chuang-tzu, de Sócrates y de Platón. El significado de éstos se revela plenamente a la luz de Cristo: lo que ellos intentaban, Jesús lo realizó. Ellos son sacramentos de Cristo.
Más tarde los cristianos hicieron la experiencia de la comunidad eclesial en cuanto comunidad de amor, de unidad, de servicio, de esperanza. Ese hecho presente les proporcionó a su vez una óptica para releer el pasado. Así, ya los primeros cristianos, como atestiguar. Papías, la Didajé, Tertuliano, Orígenes, San Agustín, etc., veían a la Iglesia como preparada ya desde la creación del mundo con Adán y Eva, primera comunidad de amor. Las religiones del mundo, el pueblo de Israel, la comunidad apostólica de Jesús con los doce, eran sacramentos y símbolos de la Iglesia. Esta se fue preparando, poco a poco, hasta manifestarse plenamente a partir de Pentecostés.
Existe aún una última posibilidad de lectura sacramental: ver todo a partir del fin último de la historia, a partir del cielo o del infierno. En ese caso, todo se constituye en sacramento preparador de ese fin último: la creación, los pueblos, las religiones, las comunidades políticas, Jesucristo y la Iglesia. Son eslabones penúltimos y símbolos anticipadores del fin. Cuando irrumpa el fin mismo, entonces, como nos recuerda la Imitación de Cristo, cesará la función de los sacramentos: se verá todo cara a cara, sin la mediación simbólica de los significantes.
Como se puede suponer esta lectura no es arbitraria. La vida humana es relectura del pasado como forma de vivir el presente y de cobrar fuerzas para el futuro. El neo-sacerdote relee a partir de la ordenación, hecho importante de su vida, todo su pasado histórico. Descubre gestos precursores, insignificantes, pero que transportaban el futuro que se hizo presente. Todo entonces se convierte en símbolo y sacramento. Así ocurre con la historia humana. Ella es sacramento de la liberación o de la opresión, de la salvación o de la perdición. "



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