El cerebro verde (fragmento)Frank Herbert

El cerebro verde (fragmento)

"El Cerebro hizo una pausa para fijar datos. Los humanos atrapados debían observarse durante doce días. Sometidos a presión, proporcionaban una gran información respecto a sus reacciones. Ésta mostraba datos de los cautivos mediante un control más directo. Las formas de inmovilizar y matar humanos se hacían cada día más sencillas. Pero el problema no era cómo matarlos, sino cómo comunicarse con ellos, eliminando el miedo o la tensión por ambas partes.
Algunos de los humanos, como aquel anciano de ostentosas maneras, hacían ofertas y sugerencias y parecían mostrar razones… pero ¿cómo podían ser creídos? Aquélla era la cuestión clave.
El Cerebro sintió una desesperada necesidad de datos de observación sobre seres humanos bajo condiciones que pudiese controlar, sin que aquel control fuese advertido. El descubrimiento de los puestos de escucha en la zona Verde había levantado una frenética actividad humana. Utilizaban nuevos sonotóxicos, barreras más profundas y renovados ataques sobre la zona Roja.
Otra preocupación jugaba en todo aquello. El destino desconocido de cuatro unidades que habían penetrado en las barreras antes de la catástrofe de Bahía. Sólo uno había vuelto, y su informe era: «Sólo quedamos doce. Seis renunciaron a la unidad-identidad para envolver el área donde capturamos a dos líderes humanos. Se desconoce su suerte. Una unidad quedó destruida. Cuatro se han dispersado para producir más de nosotros».
El descubrimiento de aquellas cuatro unidades sería una catástrofe, según concluyó el Cerebro.
¿En dónde emergerían los simulacros? Ello dependía de las condiciones locales: temperatura, alimentos disponibles, productos químicos y humedad. La solitaria unidad que retornó ignoraba por completo la suerte de las cuatro que se habían marchado.
«¡Tenemos que encontrarlas!», pensó el Cerebro.
Los problemas de la acción dirigida individualmente desalentaron entonces al Cerebro. Los simulacros eran un error. Muchas unidades idénticas sólo conseguirían atraer una desastrosa atención.
Que los simulacros no significaran un gran daño y sólo estuvieran condicionados para una violencia limitada, carecía de valor en las presentes circunstancias. Y que únicamente desearan hablar y razonar con los líderes humanos era un plan lastimoso e irónico.
Las palabras de aquel humano llamado Chen-Lhu perturbaron al Cerebro: «Debacle…, tierra estéril». Aquel Chen-Lhu ofrecía un camino para resolver sus problemas mutuos, pero ¿cuáles eran sus verdaderas intenciones? ¿Se podía confiar en él?
El Cerebro suspendió su decisión y formuló una pregunta a sus auxiliares favoritos: «¿Qué humanos tratan de escapar?».
El Cerebro necesitaba prestar gran atención a tales detalles. La orientación estructurada de la colmena propendía a ignorar a las individualidades. El error cometido por los simulacros se originó por esta tendencia. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com