Queer (fragmento)William Burroughs

Queer (fragmento)

"Se levantó y salió. Caminaba despacio. Varias veces se apoyó en un árbol y miró hacia el suelo como si le doliera el estómago. Dentro de su apartamento se quitó el abrigo y los zapatos y se sentó en la cama. Le empezaba a doler la garganta y se le humedecieron los ojos y se derrumbó sobre la cama, sollozando convulsivamente. Levantó las rodillas y se tapó la cara con las manos, cerrando los puños. Cuando estaba amaneciendo giró, se puso boca arriba y se estiró. Los sollozos pararon y a la luz de la mañana la cara se le relajó.
Lee se despertó cerca del mediodía y se quedó un largo rato sobre el borde de la cama sosteniendo un zapato con la mano. Se salpicó agua en los ojos, se puso el abrigo y salió.
Fue hasta el Zócalo y deambuló durante varias horas. Tenía la boca reseca. Entró en un restaurante chino, se sentó en un reservado y pidió una Coca-Cola. Ahora que estaba sentado y no había ningún movimiento que lo distrajera, el sufrimiento se le extendió por el cuerpo. «¿Qué ha pasado?», se preguntó.
Se obligó a enfrentar los hechos. Allerton no era bastante marica para hacer posible una relación recíproca. Le irritaba el afecto de Lee. Como a muchas personas que no tienen nada que hacer, le molestaba que quisieran disponer de su tiempo. No tenía ningún amigo íntimo. Detestaba las citas concretas. No le gustaba sentir que alguien esperaba algo de él. Quería, en la medida de lo posible, vivir sin presiones externas. A Allerton le molestaba que Lee hubiera pagado para recuperar la cámara. Sentía que lo habían metido en un chanchullo y le habían impuesto un compromiso que no quería.
Allerton no reconocía a amigos que hacían regalos de seiscientos pesos, ni podía sentirse cómodo explotando a Lee. No hacía nada por aclarar la situación. No quería ver la contradicción que suponía molestarse por un favor que aceptaba. Lee descubrió que podía sintonizar con el punto de vista de Allerton, aunque el proceso le causaba dolor, ya que suponía ver el grado de indiferencia de Allerton. «Me gustaba y yo quería gustarle», pensó Lee. «Yo no intentaba comprar nada».
«Tengo que irme de la ciudad», decidió. «Irme a algún lugar. A Panamá, a Sudamérica». Bajó hasta la estación para averiguar cuándo salía el siguiente tren a Veracruz. Había un tren esa noche, pero no compró billete. La idea de llegar solo a otro país, lejos de Allerton, le produjo una sensación de fría angustia.
Cogió un taxi hasta el Ship Ahoy. Allerton no estaba allí y Lee se quedó sentado a la barra, bebiendo. Por fin Allerton asomó la cabeza por la puerta, hizo una distraída seña a Lee y subió con Mary. Lee pensó que probablemente habían ido al apartamento del dueño, donde solían cenar con frecuencia.
Fue al apartamento de Tom Weston. Mary y Allerton estaban allí. Lee se sentó e intentó atraer el interés de Allerton, pero estaba demasiado borracho para decir algo coherente. Daba lástima ver sus esfuerzos por entablar una conversación informal y graciosa.
Debía de haberse quedado dormido. Mary y Allerton no estaban. Tom Weston le sirvió café caliente. Lee bebió el café, se levantó y salió tambaleándose del apartamento. Agotado, durmió hasta la mañana siguiente. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com