The Master (fragmento)Israel Zangwill

The Master (fragmento)

"¿Cuál era el punto en que se hallaba su devenir vital? ¿En qué se había convertido?
En Grainger había compañeros que recelaban del arte como una mera evasión muy poco lucrativa. Semejante falacia no se adecuaba para nada a su propio estado de ánimo. Para él el arte era un fin en sí mismo; era de aquéllos que viven para pintar, no de los que pintan para sobrevivir. Incluso en la etapa pretérita de sus días juveniles, cuando le fue posible vender algunos de sus lienzos, el dinero obtenido como rédito siempre le había parecido un agradable subproducto, pero no un motivo en sí mismo. Y ahora, en vez de verter sobre el lienzo toda la efervescencia de la lírica juvenil que inundaba su alma, se dedicaba a colorear fotografías e ilustrar estúpidas historias editadas por editores obtusos, en contra de sus propias ideas acerca de lo que deberían ser las ilustraciones. Porque incluso en Nueva Escocia había plasmado la vida y en sus horas más tristes había decorado muebles por mero placer. Ahora, todo esto le resultaba sórdido, indigno y humillante. Tomó la férrea determinación de que si no podía dedicarse al arte por entero, al menos no lo degradaría. Gracias a su formación en Nueva Escocia, su mano derecha podía hacer algo más que simplemente empuñar un pincel. Mejor sin duda era ganarse el sustento para su familia mediante el ejercicio de algún oficio honesto hasta que llegara el tiempo en el que pudiera vivir del arte honradamente. Sin duda se sentiría mejor siendo un buen artesano que un artista deshonesto. Y mientras ese impulso enardecía su mente, se veía a sí mismo en las columnas de los anuncios del Clerkenwell Chronicle, respondiendo a tres demandas; una para un carpintero, otra para un maestro calderero de azúcar y finamente la tercera para un limpiador de arneses.
Únicamente respondió al anuncio de la firma azucarera y se le pidió que llamara. Afirmó que había adquirido una experiencia considerable en la manufacturación en Nueva Escocia, pero una breve conversación del solicitante con el director logró convencer a éste de que aquél nada sabía de lo relacionado con la ebullición científica del azúcar, de los motores que intervenían en el proceso y de las diferentes labores implícitas; no obstante, su sobriedad, su respetable apariencia y su capacidad de convicción le resultaron extremadamente útiles y fue contratado a prueba ganando dieciocho chelines a la semana, con la posibilidad de que dicha renta ascendiera a la nada despreciable cifra de cuarenta. Su confianza a la hora de manejar los más nimios detalles y su firme resolución le llevaron a escribir a sus mecenas refiriendo su actual posición en la debida y forma y haciendo gala del aderezo de un superfluo sarcasmo y una feliz mañana, poco después de la salida del sol, logró reparar en la fábrica una banda de rodadura flotante que había sido puesta en funcionamiento en aquel día memorable. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com