Il figurinaio e le figurini (fragmento)Bruno Cicognani

Il figurinaio e le figurini (fragmento)

"Y así entre Pietrasanta y Fiumetto se perfilaba ese otro estrecho camino de tierra sinuosa a través de la arboleda y las labranzas, hasta llegar a un pequeño y coqueto puente sobre un arroyo muerto, justo al borde de un bosque de pinos. Su acuosa faz estaba untada por el estancamiento de botellas de agua, hojas marchitas, tenedores... A continuación se extendía el camino recto, luminiscente, rodeado de un pinar que crepitaba en el mes de julio. Y, lo que resultaba más hermoso, en las tardes de estío de aquel mes de julio, apenas hollar los pies aquel minúsculo puente, los ojos contemplaban por doquier el ramaje de los pinos que caía rendido como piezas de ropa y en la cúspide aquel cielo destempladamente lechoso y, en suma, una sensibilidad inmensa que tremolaba. Y si los ojos se tomaban un tiempo de descanso, al girarse, los olivares humeantes y las níveas casas al pie de las colinas de los Alpes enardecían los pechos y erizaban los cabellos ante el telón de fondo azul.
La exhausta puesta de sol; el mar en calma; la placidez del aire velado. Sobre el arenal de la playa unas jóvenes se perseguían presas de una loca y contagiosa alegría. Porque en ocasiones sucede que alguien a quien aparentemente no le importe la candidez de la oceánica agua vea salpicados sus cabellos por tibias e indolentes gotas. Y esa misma lágrima de mar no se retira prontamente, dejando tras de sí una brillante cosecha de perenne siembra, devorada por la arena hasta bucear en el mar.
Los fados saben que el comienzo de la jornada matinal deja mal sabor de boca y un poso de inquietud en el estómago.
El aire, nítido y claro, aún es incapaz de liberarse del yugo de la puesta de sol sobre la montaña que tiende a Pisa. ¡Qué maravillosos son los Alpes! Y todo, desde la cúspide de la Pania hasta las vetustas cañas teñidas y quemadas por el libeccio, entona la emoción de la mañana.
El olor matinal comporta el perfume de las plantas humedecidas, toda vez que la extinta noche ha sido embriagada por el mar y la neblina lila y brillante de los pinares semeja un pastel sobre el montículo sobre la pulcra bufanda de la mañana apuana.
La playa está ahora desierta y los cobertizos permanecen cerrados durante el sueño. Allí se extienden las tierras de los pescadores.
Los pescadores, en dos filas acompasadas de prudente distancia, gradualmente se arremolinan, tirando con fuerza de la vida, moviendo sus extremidades inferiores, arqueándose y disponiendo calmosamente las interminables cuerdas; de vez en cuando uno de los hombres situado en la parte superior izquierda afianza su rodilla bajo el agua mientras sostiene sobre su hombro el gancho de la correa. "



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