Policraticus (fragmento)Juan de Salisbury

Policraticus (fragmento)

"Sucedió a éste Alejandro, en virtud y en vicios más grande que su padre. El modo de vencer fue distinto en ambos. Este hacía la guerra abierta; aquél, con artimañas. Aquel gozaba en engañar al enemigo; éste en arrollarlo claramente. El primero era más pru­dente en sus planes; el segundo, más magnánimo. El padre disimu­laba la ira e incluso la victoria; para el hijo, una vez encolerizado, no había dilación ni límites en la venganza. A los dos les gustaba mucho el vino, pero las consecuencias de su embriaguez eran distintas. El padre solía acometer al enemigo incluso levantándose directamente del banquete y encararse al peligro con temeridad; Alejandro no se ensañaba con el enemigo, sino con los suyos. Por eso Filipo volvió muchas veces herido de las batallas, mientras Alejandro salía con frecuencia de un banquete dejando amigos muertos. Aquél quería reinar con los amigos, éste ejercía el reinado en contra de los amigos. El padre prefería ser amado; el hijo, te­mido. Ambos cultivaron de igual modo las letras. El padre fue más astuto; el hijo, más fiel. Filipo fue más moderado en las palabras y discursos; Alejandro, en los hechos. La disposición del hijo fue más pronta y sincera para perdonar a los vencidos. El padre era más dado a la frugalidad; el hijo, al lujo. Con los mismos procedimientos con que el padre estableció los cimientos del imperio del mundo, consumó el hijo la gloria de tan gran obra». Pero en una cosa superó los vicios, no sólo de su padre, sino de todo hombre noble: en que tuvo una envidia tan inmensa, que hasta los triunfos paternos le arrancaban lágrimas, como si el bien hacer paterno le arrebatase la gloria de todas sus hazañas. Incluso llegaba a matar con sus propias manos o mandaba que fueran conde­nados a muerte quienes alababan el valor de su padre.
Por su parte, Pitágoras gozó de tanta autoridad entre los filósofos que bastaba para tomar una decisión en cualquier cuestión, el creer que Pitágoras se había puesto en favor o en contra. Podía tanto su opinión cuando era conocida de antemano, que la contraria no conseguía recuperar terreno si se propalaba que él había dicho aquello, y por la costumbre de sus seguidores el solo pronombre significaba Pitágoras. Pues, según el testimonio de Tu­lio, cuando se decía sencillamente: «El dijo esto», había que en­tender que se trataba de Pitágoras por su reconocida autoridad. Este, a pesar de toda esa autoridad, no consiguió en forma alguna inclinar a su favor cierto juicio, y como todavía dura su aplazamien­to por la ambigüedad del caso, la sentencia está por dictar. "



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