Un caso de conciencia (fragmento)Juan Benet

Un caso de conciencia (fragmento)

"JULIAN. Lo malo y lo bueno no son más que indicios; si el mundo fuera de una manera y tuviera una razón de ser no nos interrogaríamos tanto acerca de él.
EL SR. ARNAU. Y me quedé con ganas de decirle: «Lo malo es que todo eso está bien y seguirá estando bien. Qué daría yo por que estuviera mal si a cambio de eso había de volver a interesarme en ello». Pero eso era lo único que no podía decirle. A mí, particularmente (y supongo que a todos nuestros antepasados), me aterra la momentánea desaparición del mal Para vivir tranquilos tenemos que tenerlo más cerca, en la forma que sea. Un universo sin la presencia del demonio está incompleto, créeme. Y tanto más se aleja —tanto más todos los que el hombre ha inventado se demuestran incompatibles con el progreso— cuanto tendremos que hacerlo más real y próximo, para que descanse la conciencia.
CARMEN. (Aparte) El demonio vive aquí, en el alma, y cada día más cerca, hablando más alto, reclamando sus derechos con mayor fuerza, cada día. Oh, lo más terrible es acostumbrarse a su presencia y, sobre todo, triunfar sobre él en cada momento.
EL SR. ARNAU. ¿Qué triunfo? No hay tal triunfo, es un puro espejismo. Cuando se alcanza un cierto dominio sobre las cosas, nuestra condición recurre a la hipocresía antes que al coraje y prefiere engañarse a sí misma con un amago de lucha antes que renunciar a esa seguridad que tantos desencantos le procura.
JULIÁN. (Aparte) Las clases privilegiadas son los agentes de su propia ruina y su presencia es necesaria pura que la sociedad comprenda cómo todo es caduco.
CARMEN. (Aparte.) Al amor no le gusta la discreción. La lucha se produce dentro y nadie debería ser capaz de atestiguarla por tratarse de un secreto íntimo, una confesión de alcoba; la poca capacidad de amar sólo se compensa con la mucha necesidad para ser amado. Yo diría que existen muchas circunstancias que, sin más ni más, ponen en tela de juicio la segundad de que hablas.
JULIÁN. Pero en nuestro haber sólo hay certidumbre. (Aparte.) Un presente incierto, un país dudoso y una realidad que sólo es la primera superchería; un cariño equívoco una mujer falaz y un de seo que vuelve descorazonado sobre sus viejos temas porque no ha sabido encontrar otros nuevos.
JULIÁN. Yo sostengo que lo único sabio es saberse mantener en la incertidumbre y resistir a esa tendencia natural del espíritu a buscar la causa final. Todos partimos de una misma certeza —(aparte) que el yo tiene tal valor intrínseco que merece ser probado— para llegar a una pluralidad de sospechas —(aparte) de que el mundo se desinteresa de tal ensayo. Así, pues, no hay otra certeza que la de la pasión y toda certidumbre procede del conocimiento.
JULIÁN. Y de la curiosidad (aparte) que cuando languidece el mundo se hace inhabitable; qué pocas cosas hay en él para olvidar el ansia de abandonarlo; me queda otro tanto por vivir, pero no me queda otro tanto por ver. A no ser que...
CARMEN. ¿Es esa curiosidad la que te trae por aquí?
JULIÁN. Por supuesto que no; pero no habiendo curiosidad no puede haber armonía: y sin ella codo placer y todo apetito resultan ridículos y obscenos.
EL SR. ARNAU. ¿Obscenos?
JULIÁN. Obscenos, sí.
EL SR. ARNAU. ¿Y la Ley? ¿Es obscena la Ley?
JULIÁN. Obscena, muy obscena. ¿Y la familia?¿Y el Estado? ¿Qué tienen que ver con la curiosidad?
JULIÁN. Por eso son obscenos; en su seno no hay armonía entre lo que son y lo que pretenden ser. El Estado es la razón obscena que se opone al anhelo de incertidumbre mediante el desenvolvimiento de la Idea.
EL SR. ARNAU. Es el desarrollo de la libertad.
JULIÁN. La libertad es contradictoria con toda formulación racional de la misma. Y si la libertad no es más que el campo donde ensayar el espíritu que emerge de lo objetivo, menester es pensar que la armonía de la razón con el mundo no tiene fin. Así, pues, esa pretendida libertad del Estado no es más que la adaptación del hombre a un solo modelo, mucho más que la búsqueda de cualquier otro. Pero el único modelo para el hombre se muestra en la pasión. "



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