La escuadra la mandan los cabos (fragmento)Manuel D. Benavides

La escuadra la mandan los cabos (fragmento)

"Empujó las hojas de la ventana, abrió los brazos y recogió el paisaje en ellos.
— Un país verde todo el año. Pinos, castaños, robles, álamos, nogales, hayas, abedules... Las tierras laborables no cultivadas se cubren de producción de pastos espontáneos, y en el monte, en las tierras más pobres y peor comunicadas, crecen el tojo y la retama.
—Guardó silencio, le tembló la voz y parecía que las palabras eran de la misma substancia de aquellos árboles, de aquellos prados, de aquellos maizales, de aquellos cielos, de aquellos mares que estaban al alcance de nuestros ojos y a su vez todos metidos dentro del alma de Bóveda con su armonía y su gracia permanentes.
—Merced a la lluvia, no existen las paradas estival e invernal para la vida vegetativa y el año es aprovechado con el desarrollo de las plantas cuyo ciclo entra en las alternativas de las cosechas más corrientes seguidas en el Noroeste. A no ser en pequeños rodales de las montañas del macizo oriental, no hay estiaje ni padecemos las crudezas del invierno. La deficiente insolación, a causa de los muchos días lluviosos o simplemente nublados, pone límite al cultivo de los árboles y de las plantas productores de frutos, que exigen una suma determinada de grados. De ahí la orientación ganadera, en cuanto se compagina con ciertos cereales apropiados para piensos y leguminosas de las mismas características; el cultivo de los panificables se reserva a las hoyas calientes de Orense y Pontevedra.
Alejandro Bóveda, aún no ha cumplido los cuarenta años. Poco más de treinta ha de contar. A él que no le hablen sino de Galicia. Ahora aúllan los lobos a la puerta de su casa. Los enemigos de la verdad y del bien arman sus fusiles para clavar los plomos mortales en el pecho donde, por tener cabida Galicia tan por entero, tenía cabida el mundo.
El no presiente el odio que acecha. Pero en cuanto suene el grito de angustia de su tierra agredida, aunque todo estará perdido por culpa de otros, que no suya, pues él no ejerce autoridad de gobierno, correrá allí donde debía estar la cabeza, y ante la segura derrota, se ofrecerá para el sacrificio:
—¡No matéis a Galicia! ¡Matadme a mí! "



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