Gorki entre nosotros (fragmento)Konstantín Fedin

Gorki entre nosotros (fragmento)

"El trabajo continuo, apasionante, no me impedía -ni a cuantos se encontraban alrededor- luchar por la conservación de una existencia que tenía la muerte a un paso. Pero, al propio tiempo, yo no olvidaba ni por una hora la literatura. Estaba completamente solo en la inabarcable ciudad, capital ayer, la cual no tenía hoy el menor barrunto de que en sus avenidas iba a aparecer otro joven con sueños de escritor, con esperanzas de imprecisas conquistas y tal vez de gloria.
Sentía una necesidad insaciable de comprenderlo todo, y estaba convencido de que precisamente la literatura era la que mejor podía satisfacer esa necesidad. El amor más fuerte con que yo llegué a la revolución después de la guerra, pasada en el cautiverio, fue el amor a la patria, a Rusia. Y ese sentimiento, lejos de ser anulado por la revolución, se fundió con ella en un todo único... Multitud de gente razonaba de un modo parecido al mío, y estoy seguro de que muchos esperaban de la literatura la gran palabra... En aquel Petersburgo del heroísmo, el hambre, las epidemias y el silencio, se encontraba un hombre, que aunque al parecer se mantenía aparte, constituía en realidad el centro mismo del movimiento que a la sazón se iniciaba. Aquel hombre era Gorki. Y el movimiento, el comienzo del trabajo soviético de los intelectuales.
La flauta maravillosa de Gorki tocaba a llamada y poco a poco, cobrando ánimos, iban asomando los hombres por las bocas de sus guaridas y cuevas. Había algo del medioevo en aquella salida a la luz de los agonizantes gremios: aparecían los literatos, calentando la tinta congelada; salían los científicos, para ponerse junto a los soportes con retortas y matraces. Gorki poseía muchos medios de influencia.
El principal era su personalidad. Huelga decir que ninguna persona inteligente dudaba de la pureza de móviles de Gorki. Pero esta pureza se encuentra con bastante frecuencia entre los intelectuales. Gorki tenía sobre todos ellos la superioridad de que su vida estaba entrelazada con la historia de la revolución y pertenecía a ella. Era la biografía de su siglo. Por eso, su presencia en este lado de las barricadas, en la revolución, era cosa natural, y sus llamamientos no podían tener matiz alguno de casualidad ni de interés. Su fama, su influencia en el arte y, en consecuencia, su autoridad sobre los cerebros eran con anterioridad tan grandes, que no necesitaba aumentarlas.
Los irónicos pueden decir que la flauta maravillosa de Gorki era la ración de pan. Pero entonces todos veían que en aquello no había emboscada alguna: Gorki lo hacía para la cultura. Formaba parte integrante de ella y no podía tener ninguna otra intención de la que tenía: obligarla a vivir. "



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