Novela de un joven pobre (fragmento)Octave Feuillet

Novela de un joven pobre (fragmento)

"Y sumergió afectuosamente su mano en la espesa piel del Terranova, que parado sobre las patas de atrás, alargaba ya su formidable cabeza, entre mi plato y el de la señorita Margarita. No pude menos de observar con nuevo interés la fisonomía de esta mujer, y buscar en ella los signos exteriores de la poca sensibilidad de alma de que al parecer hace profesión. La señorita Laroque, que me pareció muy alta, sólo debe esta apariencia al carácter amplio y perfectamente armonioso de su belleza. Es en realidad de una estatura ordinaria; su rostro, de un óvalo algo redondeado, y su cuello, de una postura delicada y arrogante, están cubiertos ligeramente por un tinte propio de las hijas de Bretaña. Su cabellera que señala sobre su frente un espeso relieve, arroja á cada movimiento de su cabeza reflejos ondulosos y azulados; su delicada nariz parece copiada sobre el divino modelo de una madona romana, y esculpida en nácar viviente. Debajo de sus ojos grandes, profundos y pensativos, el color algo tostado de sus mejillas, es matizado por una especie de aureola más bronceada, que parece una traza proyectada por la sombra de las pestañas y como quemada por el rayo ardiente de la mirada. Difícilmente podría retratar la dulzura soberana de la sonrisa, que viene por intervalos, á animar esta bella fisonomía y á atemperar por no sé qué contracción graciosa el brillo de sus grandes ojos. Ciertamente, la diosa misma de la poesía, del sueño y de los mundos encantados, podía presentarse atrevidamente á los homenajes de los mortales bajo la forma de esta niña que sólo ama á su perro. La naturaleza, en sus producciones más escogidas, nos presenta á menudo estas crueles mistificaciones.
Por otra parte, esto me importa muy poco. Comprendo perfectamente que estoy destinado á jugar en la imaginación de la señorita Margarita el papel que podría representar en ella un negro, objeto, como se sabe, muy poco seductor para las criollas. Por mi parte me jacto de ser tan orgulloso como la señorita Margarita; el más imposible de los amores para mí, sería aquel que me expusiera á la sospecha de intriga é interés. No pienso tampoco tener que armarme de una gran fuerza moral contra un peligro que no me parece verosímil, pues la belleza de la señorita Laroque es de aquellas que despiertan más la contemplación del artista que un sentimiento de naturaleza más humano y más tierno. "



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