Atentado (fragmento)Amélie Nothomb

Atentado (fragmento)

"Aquella observación me cerró la boca. Cuando uno apesta, no puede declarar su amor a su dama. Así pues, me limité a delirios más clásicos: le confesé a mi amada que yo era un cono que intentaba transformarse en cilindro, le dije que me atropellaba el tranvía, que el cuadrado de mi hipotenusa era igual a la suma de mis ángulos rectos, que era un dromedario y que bajo el puente Mirabeau fluye el Sena, como ya advirtiera en su día un poeta buen observador.
La prodigiosa me escuchaba con una paciencia arcangélica. Sólo por eso, ya valía la pena estar enfermo. A la mañana siguiente, la encontré dormida en el sofá. Me sentía bien, había recobrado la salud, y también el olfato: mi propio hedor me incomodaba.
Me encerré en el cuarto de baño: me horrorizaba pensar que mi amada tuviera que soportar semejantes pestilencias. La enfermedad me había dejado más flaco y la piel me colgaba más que nunca. Jamás me había sentido tan penoso y ridículo. Y, por primera vez en mi vida, lloré por mí. 
Hubo un tiempo en que ser virgen a los veintinueve años constituía un acto de fe. Hoy en día, todo el mundo lo consideraría una patología inconfesable producida por graves trastornos de la personalidad.
¿Soy un místico o estoy chiflado? Lo ignoro. Lo único que sé con seguridad es que mi virginidad obedece a un acto de propia elección. Por supuesto, si no tuviera el cuerpo que tengo, seguramente ya no sería virgen. Aunque, incluso con semejante físico, podría tener vida sexual. Ir de putas no me hubiera planteado ningún problema moral. ¿Por qué no lo he hecho?
Creo que se debe a mi faceta Eugenia Grandet: para mí, las ilusiones valen todo el oro del mundo. Cada cual se crea aquello de lo que carece: mi fealdad, para resultar soportable, requería un ideal a prueba de bomba. Y he ideado una concepción del sexo que lo convierte en algo inaccesible: es el Grial.
Estoy en lo cierto, no cabe la menor duda. Para algunos elegidos, hacer el amor debe de ser el absoluto, la suprema experiencia, un bien soberano. Pero, cuando, como es mi caso, se tiene un cuerpo que es una caricatura, el acto sexual debe de parecer un pulular de larvas, un frotamiento de carne fláccida.
Imaginarme en el cuerpo de una mujer me encoge el corazón.
El mejor regalo que un ser como yo puede hacer al sexo es la pura y simple abstención. 
Mi vida de estrella me obligó, entre otras cosas, a coger una cantidad considerable de trenes. Constituye el medio de transporte más pedagógico que conozco: nunca he viajado en tren sin aprender algo, ya sea en boca de algún viajero en vena confidencial, ya sea por obra de mis observaciones personales.
La gloriosa época de los vagones restaurantes ha pasado a la historia. Actualmente, los trenes imitan a los aviones. Si uno viaja en primera clase, una azafata le da una bandeja. A elegir entre dos menús.
Siempre he rehusado la bandeja, horrorizado. No era el caso de mis vecinos que, por lo general, aceptaban con expresión contenta, como si aquella comida fuera un premio. Se conservaba una vaga tradición: la cocina ferroviaria seguía siendo superior a la de los aviones. Foie-gras y otros magrets formaban parte del viaje. "



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