Un vaso de cólera (fragmento)Raduan Nassar

Un vaso de cólera (fragmento)

"Y cuando llegué por la tarde a mi casa, allá en el 27, ella ya me esperaba dando vueltas en el jardín, vino a abrirme el portón para que yo entrase con el coche y, en cuanto salí de la cochera, subimos juntos la escalera hacia la terraza, y nada más entrar abrí las cortinas del centro y nos sentamos en las sillas de mimbre mirando hacia el lado opuesto y hacia arriba, por donde el sol se iba poniendo, y estábamos los dos en silencio cuando ella me preguntó: «¿Qué te pasa?», pero yo, muy distraído, continué distante y tranquilo, el pensamiento abandonado en el enrojecimiento aquel del poniente, y fue únicamente por la insistencia en la pregunta que respondí: «¿Ya has cenado?», y como ella respondió: «Más tarde», yo entonces me levanté y fui sin prisas a la cocina (ella vino detrás), saqué un tomate del refrigerador, fui al fregadero y lo lavé, y después tomé el salero de la alacena y me senté enseguida allí a la mesa (ella desde el otro lado acompañaba cada uno de mis movimientos aunque yo displicente fingía que no me daba cuenta), y sin dejar de estar en su punto de mira empecé a comer el tomate, echando sal poco a poco a medida que lo iba comiendo, fingiendo un empeño exagerado en la mordida para
mostrar mis dientes fuertes como los dientes de un caballo, sabiendo que sus ojos no se despegaban de mi boca, que por debajo de su silencio se retorcía de impaciencia, que tenía más ganas de mí cuanto más indiferente yo me mostrase, sólo sé que cuando acabé de comer el tomate la dejé allí en la cocina y fui a buscar la radio que estaba en el estante de la sala y sin volver a la cocina nos encontramos de nuevo en el pasillo, y sin decir una palabra entramos casi juntos a la penumbra del cuarto. "



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