El mejor de los lugares (fragmento)Henry James

El mejor de los lugares (fragmento)

"Dane extraía de su confuso pasado una docena de símiles vacilantes. El sacro y silencioso convento era uno de ellos; otro era la luminosa casa de campo. No era una afrenta compararlo con un hotel; una vez se permitió notar que recordaba a un club. Tales imágenes, no obstante, apenas eran una luz fugaz: una luz que apenas duraba sino para alumbrar las diferencias. Un hotel sin ruidos, un club sin periódicos: cuando sus ojos veían todo lo que era «sin», la visión se le abría de par en par. La única aproximación a una verdadera analogía estaba en sí mismo y en sus compañeros. Eran hermanos, huéspedes, socios: eran incluso, si se quería —y a ellos les traía sin cuidado lo que se les llamara—, «residentes internos». No eran ellos los que imponían las condiciones, sino las condiciones las que los imponían a ellos. Estas condiciones, por supuesto, se aceptaban con un aprecio, con un arrobo —sería mejor decir—, que procedía, como el aire mismo que las impregnaba y la fuerza que las sostenía, de su noble y tranquila confianza. Se combinaban para integrar la idea magnífica y simple de un refugio general: la imagen de un cálido abrazo, de un pródigo acomodo. ¿En qué consistía en realidad el efecto sino en la poetización, gracias a un gusto perfecto, de un modelo harto común? No es que se produjera cada día un milagro; en el gusto perfecto, con la ayuda del espacio, estaba el secreto. Por otra parte, pensaba Dane, por debajo y por encima de todo aquello lo que subsistía era una inspiración original, pero inveterada, sin agotar, una idea feliz nacida en el seno de un ser individual. De alguna parte, de alguna manera, había nacido —había tenido que empeñarse en nacer— la bendita concepción. El autor podía permanecer en la sombra porque esto formaba parte de la perfección: un servicio personal tan discreto y metódico que uno apenas lo sorprendía trabajando y que únicamente por sus resultados podía conocer. A pesar de ello esa inteligencia superior estaba en todas partes: todo estaba infaliblemente centrado en el núcleo de una conciencia. ¡Y qué conciencia había tenido que ser!, pensaba Dane. ¡Cuán parecida a la suya! Aquella inteligencia superior había sentido, había sufrido; luego, para todo el atribulado conjunto de inteligencias, la inteligencia superior había visto una oportunidad. De la creación así alcanzada sin embargo, uno jamás habría sabido decir si era el eco póstumo de lo antiguo o la nota más aguda de lo moderno. "


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