Las alas de la paloma (fragmento)Henry James

Las alas de la paloma (fragmento)

"Densher intuyó enseguida que verla a solas, pobrecilla, equivalía después de todo a verla en las mismas condiciones que antes, las condiciones de sus tres visitas en Nueva York; el nuevo elemento, cuando volviese a estar cara a cara con ella, no equivalía en realidad a mucho más que a reconocer, con cierta sorpresa, el efecto positivo de tales condiciones. Excepto eso todo lo demás, todo lo vergonzoso, desapareció a los cinco minutos de hallarse en su presencia: de hecho fue maravilloso que su excelente, su agradable, su correcta, permitida e inofensiva relación norteamericana —para cuya legitimidad apenas tenía epítetos suficientes— pareciera tan poco perturbada por otras cosas. Desde entonces, los dos habían vivido grandes aventuras; como la aventura que había sido para él su anexión intelectual del país de Milly; y, de momento, era como si la mayor de todas hubiese sido esa conciencia adquirida de unos motivos distintos de los ya expuestos. Densher fue a verla, a su hotel, al día siguiente de la cena en casa de la tía Maud, con la clara, es decir angustiosa, idea preconcebida del papel que debería interpretar con ella, en todos sus encuentros, a raíz de los extrañamente coincidentes y en realidad innecesarios esfuerzos de Kate y la señora Lowder por hacérsela interesante. Ya se lo había parecido sin ellas: y ese día volvió a parecérselo; y, por admirable y hermoso que fuese el caritativo celo de las dos damas, podría haber cortado de raíz el inicio de una amistad por fuerza limitada pero aun así perfectamente posible para él. Lo que había impedido felizmente la necesidad de la ruptura, lo que seguiría impidiéndolo igual de felizmente, eran su propio buen humor y su buen juicio, cierto resorte de su inteligencia que suministraba —con la ayuda de la imaginación— comprensión y tolerancia y que nunca se había alegrado tanto de poseer. Muchos hombres, reflexionó en la práctica, no se lo habrían tomado así, habrían perdido la paciencia, habrían juzgado la petición irracional, exorbitante, y la habrían desestimado sin más, lo que habría hecho imposible cualquier relación posterior con la señorita Theale. Densher había hablado con Kate de que a la joven la estaban «sacrificando», y eso, por su parte, habría sido un modo de sacrificarla. No obstante, ése no había sido el tono en el que sus ideas confusas desde un principio se habían aclarado desde la noche anterior. No era tanto que él no fuese de los que «se amilanan», pues era consciente de ser lo bastante inteligente para identificar las situaciones en las que amilanarse era el mal menor y menos cruel. Era que apreciaba demasiado a todas esas personas que se obstinaban en demostrar que era sencillamente inadmisible. Dios sabe que quería a Kate, y también que apreciaba mucho a la señora Lowder. En particular apreciaba a la propia Milly; y ¿no había reparado la noche anterior en que incluso sentía cierto afecto por Susan Shepherd? En general nunca se había sentido tan compasivo. Era una situación, en cualquier caso, en la que no ingeniárselas para no ofender a nadie sería una torpeza. Si descubría que no podía conseguir su propósito, tenía tiempo de sobra. La idea cristalizó ante sus ojos de tal modo que no sólo prometió mucho interés —sobre todo, en caso de éxito, mucho entusiasmo— sino que prestó cierta apariencia de barbarie al fracaso. "


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