El teniente Sturm (fragmento)Ernst Jünger

El teniente Sturm (fragmento)

"En un fugaz momento de sangre fría notó que sudaba de miedo. Trató de imaginarse su aspecto: un manojo de temblorosos nervios en un uniforme hecho trizas, con el rostro ennegrecido y surcado de chorretones de sudor y con unos ojos abiertos de par en par que traslucían temor. Se incorporó y soltando una serie de maldiciones trató de tranquilizarse. Ya se creía lleno de heroísmo, por autosugestión, cuando una nueva y más terrible detonación volvió a lanzarlo a su agujero. Otra más que vino inmediatamente después arrancó un bloque de tierra del borde de la trinchera, tan grande que casi lo enterró. Se liberó con esfuerzo de la masa de tierra y corrió a todo lo largo de la trinchera. En los apostaderos no se veía a hombre alguno. Una vez cayó al suelo al tropezar con un montón de inmundicias bajo las que yacía un muerto. Por el motivo que fuese, una tabla larga y dentada se había incrustado en su cuerpo; los ojos, vidriosos y abultados, se salían de las órbitas.
Por fin, ya en el ala de su sección, Sturm se tropezó con un suboficial, agachado detrás de su ametralladora. El hombre no le había llamado apenas la atención hasta entonces, tenía que ser uno de esos soldados en los que uno no repara sino en la batalla. Le dio unos golpes en el hombro y le estrechó la mano. Luego, dirigiéndole una mirada interrogante, señaló al terreno con el dedo índice y el hombre meneó la cabeza. Ambos se echaron a reír; era una risa extraña que deformaba los rostros. Resultaba curioso lo tranquilo que estaba Sturm ahora. Se situó detrás de la ametralladora y disparó contra el humo que flotaba delante hasta que el vapor de agua empezó a silbar por entre las junturas del manguito del cañón. Aún reventaban minas en derredor, pero ahora cada explosión martilleaba en el pecho como si exhortara a resistir por encima de todo. Sturm ya lo había notado a menudo en tales instantes: solo, el individuo se encogía ante el peligro. En cambio, cuando se sabía observado, era difícil ser cobarde. "



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