Las mil noches de Hortensia Romero (fragmento)Fernando Quiñones

Las mil noches de Hortensia Romero (fragmento)

"Pero donde él estuvo más tiempo fue en Venezuela. Y allí es donde va ahora de cuando en cuando, a hacer sus negocios con sus gallos de pelea, que tiene él los corrales, o los tenía, ahí por Conil junto a la Venta del Colorao, animalitos.
Las cosas que ese hombre cuenta de Venezuela... Seguro que a ti, con la curiosidá que tú tienes, si te las cuenta te se caen las babas... Con que vayas por el Andalucía cualquier mañana, das con él. Ve de mi parte. Tú dile: "vengo de parte de La Legionaria"... yo creo que se tendrá que acordar más de los ratitos buenos que echó conmigo que de aquel disgusto que nos llevamos a cuenta de los gallos... Pero ve y ya verás, ese hombre, qué forma de ponerte las cosas por delante: ni un cine ni un teatro ni na, al Maera es que da gloria oírlo.
Bueno, Caracas la conoce él como si fuera esto, igual. Allí en Caracas también estuvo de banderillero y estuvo a todo lo que cayera porque allí toreaba poco. Vivía por un barrio que le dicen... a ver si me acuerdo... sí: La Pastora, ¿a que parece un nombre de aquí, La Divina Pastora y eso?... Pero Caracas es lo de menos: es que, por allí por Venezuela, El Maera estuvo muy lejos, pero lejísimos...
... ya por unas selvas y unos campos como los de Tarzán, que cuando fueron a darse cuenta, estaban en el Brasil o en Cuba o en un sitio de ésos. Y es que El Maera estaba desmayao en Caracas, estaba muy mal del móney y entonces le salió de irse de viaje con unos extranjeros que iban apuntándolo todo y midiéndolo todo, creo que eran alemanes, midiendo las tierras y los sitios con unos metros muy largos en unas bobinas. Y apuntaban los metros que tenían los sitios, y otros de los que iban apuntaban los bichos y las flores y todo.
Pues con esa gente, que llevaban todo lo que hace falta y que le pagaron bien, estuvo El Maera cuatro o cinco meses sin ver ni un pueblo; cuando más, unas chocillas con unas vaquillas, y al cabo de unos cuantos días se cruzaban con un tío muy raro a caballo, y al cabo de otros pocos de días veían a lo mejor tres o cuatro indios mansos que iban para otra parte, ellos siempre por todo lo más solo. Y así llegaron a un río grandísimo que primero era como si estuviera derramao, porque dice el Maera que, mucho antes de llegar a ver el río, pasaron unos llanos encharcaos que no se terminaban nunca, todo como la palma de la mano. Y venga p’alante y venga p'alante, y los pies: fia fia, con el fango por los tobillos, y allí tenían que parar y comer y dormir, buscando lo más sequito: menos mal que llevaban de todo.
Y una mañana sale El Maera, que se había despertado antes que nadie, y dice "¿esto que es, Dios mío de mi alma?" Aquello era una manifestación: allí paraos en el fango, mil o dos mil pájaros grandes que por la noche no estaban o no los vieron, blancos y de color de rosa, una cosa linda, y que se perdían de vista miraras adonde miraras: allí quietos. Da dos palmadas El Maera, sale otro y pega un tiro, y hacen así todos los pájaros y cogen el vuelo que no se veía el sol, El Maera con la boca abierta.
Y cuando llegaron a aquel río tan grande, eso era ya en la selva. "



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