Vosotros no sabéis (fragmento)Andrea Camilleri

Vosotros no sabéis (fragmento)

"El hecho de que Provenzano transmitiera sus órdenes revestidas de consejos que escribía a máquina en un pizzino al que después mandaba pasar de mano en mano hasta ser entregado, tras largos círculos viciosos, al destinatario, puede parecer una manera absolutamente primitiva de comunicarse.
Una manera acorde con el humilde personaje vestido de campesino que mostró la televisión en el momento de su detención, con la sencilla y rústica casa donde se había trasladado a vivir en los últimos años, con el tosco y áspero paisaje campestre que lo rodeaba.
Sin embargo, no podría cometerse mayor equivocación. El sistema ideado por Provenzano y que él, con modestia, declara sugerido directamente por la Divina Providencia, era sin duda el más seguro, al descartar por fuerza el correo ordinario, el teléfono fijo y el móvil, todos ellos susceptibles de ser intervenidos con facilidad.
Por lo demás, la carta manuscrita goza de ilustres precedentes: no por casualidad Gabriele D’Annunzio, para preservar el secreto de algunas de sus correspondencias amorosas, se servía de mensajeros privados que se desplazaban en tren de una ciudad a otra. ¿Y acaso el Tribunal de Cuentas italiano no mantiene en plantilla a un funcionario, llamado camminatore, caminador, cuya función es ser portador personal de documentos importantes o reservados?
Los demás medios llamados primitivos, como las palomas mensajeras y las señales de humo (¿por qué no?, si hubieran resultado útiles, Provenzano los habría adoptado sin vacilar) debían descartarse también, porque el primero presuponía la existencia de un nido estable (incompatible por tanto con los repentinos y necesarios traslados) y el segundo tenía el inconveniente de un exceso de visibilidad.
Además, y como ya hemos mencionado más arriba, aunque fuera complicado, el sistema de los pizzini presentaba una gran ventaja en comparación con el teléfono, en caso de que Provenzano hubiera cometido la ingenuidad de utilizarlo: reducía casi a cero la posibilidad de equivocaciones, de malentendidos, voluntarios o no. La cómoda y habitual frase «No entendí, me pareció que usted había dicho...» aquí no puede esgrimirse de ninguna manera. Lo escrito permanece, las palabras pronunciadas se las lleva el viento.
Recordemos que Provenzano, al comunicar a un tercero una opinión escrita enviada por un segundo interlocutor, copiaba y adjuntaba dicha opinión
Asimismo, en comparación con una conversación oral, el sistema de los pizzini suponía otra importante ventaja: no era posible una respuesta inmediata en caso de que uno no estuviera de acuerdo con el «consejo» recibido. El lapso de tiempo que transcurría entre la entrega del pizzino y la recepción por parte de Provenzano del eventual parecer discrepante acababa por debilitar los motivos de la discrepancia, por diluirlos, cuando no por frustrarlos por completo.
Más aún: precisamente la misteriosa distancia recorrida, el ignorado lugar de procedencia, la relativa impersonalidad de los caracteres de la máquina de escribir o la autoridad y el poder que rezumaba conferían al pizzino un aire de oráculo supremo al cual habría sido imposible replicar, rebatir, pues cualquier oposición habría asumido inevitablemente el aspecto de un cuasi sacrilegio. "



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