El señor Bliss (fragmento)J. R. R. Tolkien

El señor Bliss (fragmento)

"De cualquier modo era demasiado complicado bajar todos otra vez. Les llevó mucho más tiempo de lo que esperaban trepar por la larga, larga colina. Y les llevó más todavía descender por el lado opuesto, pues tenían que frenar, o el coche habría atropellado a los ponies y al asno. Ya estaba muy avanzada la hora del té cuando llegaron a la taberna de la Encrucijada. Entonces Gordi insistió en hacer un alto. Tomaron un té abundantísimo, especialmente Gordi. No tenían dinero, de modo que el tabernero sumó una cuenta enorme para el señor Bliss: los Dorkins dijeron que él era quien daba la fiesta. He hecho un dibujo de la fiesta en el prado de la taberna junto al camino. El coche también está aquí (y los ponies y el asno), pero me cansé de dibujar.
Cuando por fin Gordi terminó de comer, volvieron a acomodarse y partieron. Hay un largo camino desde la Encrucijada hasta el Bosque de los Tres Osos. Muy pronto empezó a ponerse el sol. Llegaba la oscuridad y salía la luna cuando arribaron a los lindes del Bosque. Aun la señora Knight empezaba a preguntarse si valdría la pena molestarse tanto por unos plátanos, cuando vio cuánta oscuridad azul podría haber en el bosque.
[...]
Entraron en el bosque, y arrastraron el coche fuera del camino. Luego ataron a los ponies y al asno y se pusieron en marcha. Los perros iban delante, olfateando osos, y Albert Dorkins los retenía; pero el señor Bliss era el que marchaba más atrás, y probablemente nunca se hubiera sumado a la partida si no odiara quedarse solo. De cualquier modo la señora Knight miraba continuamente atrás para ver si él los seguía. El bosque se hacía más y más oscuro. Todo lo que podían ver era la forma borrosa de un sendero, el sendero que trazaban los osos en sus idas y venidas. Luego el sendero se hizo más ancho y se convirtió en camino. De modo que marcharon en silencio y muy lentamente. El señor Bliss se sentó y pensó que esperaría a que los demás regresasen. Esto es todo lo que podía ver. No le gustaba nada.
[...]
Los perros doblaron por la esquina. De pronto lanzaron los más espantosos aullidos, y retrocedieron dando saltos con la cola entre las piernas y los pelos de punta. El señor Bliss no esperó a ver lo que habían visto, y escapó tras ellos, tan de prisa como se lo permitían las largas piernas. Cada vez que chocaba contra un árbol se asustaba más, y cada vez que tropezaba y se iba de narices al suelo, se levantaba y corría todavía más rápido sin mirar atrás. Se olvidó del automóvil, de las coles, de los Dorkins y de todo, y corrió la noche entera hasta que se hizo de día. Pero entretanto quizá os gustaría ver lo que vieron los perros… y los Dorkins y la señora Knight y el señor Day. No se volvieron para escapar hasta que fue demasiado tarde. Ahora ¿os sorprende que todos se echaran a tierra y escondieran la cara…, hasta Albert?¿Cómo lo consiguieron los osos? Sólo ellos conocen el secreto. Supongo que se habrán pintado con algo que brilla en la oscuridad, y que sabían que la gente iría a buscarlos. Supongo que no bien oyeron a los perros que olfateaban fuera de la casa (que podéis ver), salieron de golpe. Pero no creo que esperasen asustar tanto a todos. La gente creyó que eran trasgos, o fantasmas, o diablos, o las tres cosas juntas. "



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