Gretta (fragmento)Erskine Caldwell

Gretta (fragmento)

"Transcurrió una semana desde el suicidio de Royd Fillmore en el cuarto de baño del apartamento de la calle Laurel, y en el curso de aquellos siete días, como de acuerdo con los grises días sin sol del invierno, Gretta y Glenn fueron sintiéndose más y más tristes y deprimidos. La atmósfera alegre y despreocupada de los comienzos de la vida matrimonial se volvía ahora cada vez más siniestra y sombría.
Después de la tragedia de la muerte de Royd, pocas veces se entregaron ya a la alegría espontánea, que se producía antes por cualquier frase trivial sobre el tiempo, o sobre la conducta desvergonzada de alguna paciente en la clínica, o sobre los curiosos ruidos producidos por una pareja de recién casados que vivían en el departamento de arriba. Los ataques de risa, que habían sido una ocurrencia casi diaria desde que se casaron, y que a veces habían llegado a durar hasta una hora… unas risitas de niña, que se apoderaban de Gretta como estremecedoras convulsiones cuando preparaba el desayuno, cuando hacía el amor o cuando leía un libro… todas desaparecieron de su vida, como si Gretta ya no fuera Gretta, y se hubiera transformado en una desconocida que tenía su mismo nombre. Silenciosa y tristemente, ambos lamentaban y echaban de menos la alegría de vivir y la dicha que habían perdido.
Pero, por lo menos, el suicidio no se comentaba ya en los diarios. En cambio, Gretta y Glenn estaban siempre conscientes del fantasma que pesaba sobre sus vidas. Primeramente, estuvieron los groseros interrogatorios de la policía, después el sometimiento angustioso a las fotografías que tomaban todos los periodistas, y por último, finalmente, e inevitablemente, el abatimiento consiguiente a toda la historia. Muchas veces, pensando sola y sin atreverse a hablar de la cosa a Glenn, Gretta se preguntaba si el precio de la felicidad era siempre tan elevado.
El apartamentito, que Gretta había decorado y amueblado con tanto cuidado y devoción, y que al principio había parecido demasiado pequeño para contener su amor ilimitado, lenta y continuamente se transformaba en una prisión para el cuerpo y para el espíritu. Algunas veces leyendo, otras sentados, escuchando la música de la radio, Gretta y Glenn permanecían noche tras noche en el salón, ambos cautelosos y asustados, constantemente temerosos de llegar adonde podían llegar si expresaban sus pensamientos, mientras una deprimente atmósfera de desesperación invadía gradualmente cada rincón de su hogar. Ambos sabían que podían decirse muy pocas cosas que no trajeran el recuerdo amargo del motivo de su desdicha. Sólo en la cama, abrazados en la consoladora oscuridad nocturna, lograban escapar a las devastadoras consecuencias.
Pero inevitablemente llegó un momento en que, no pudiendo arrojar de su mente aquel miedo atroz, Gretta suplicó una vez más a Glenn que le dijera sinceramente si él era realmente capaz de perdonar y olvidar la vida que ella había llevado antes del matrimonio. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com