Ascaso y Zaragoza, dos pérdidas: la pérdida (fragmento)Francisco Carrasquer

Ascaso y Zaragoza, dos pérdidas: la pérdida (fragmento)

"Estos cantos de los pueblos ibéricos, y muy en especial el romance, han sido cultivados simultáneamente por nuestros grandes poetas, y la maravilla es que lo hayan hecho hasta los más exquisitos y sofisticados, o los más graves y altivos y hasta los más agrios y acerbos.
Porque si no hay cultistas en el inundo iguales a nuestros Quevedo y Góngora, es prodigio que hasta ellos hayan bebido -y no poco- en el abrevadero lírico popular. Pero lo más genuino y sin par de la fuente de este abrevadero es el romance, no hay duda: el romance es un fenómeno único. Su caudal épico-lírico viene sin cesar alimentado por el sempiterno intercambio creador entre el hombre-poeta y el poeta-pueblo. O así parece.
El romance es por sí solo un obelisco que se yergue intermitentemente por todo lo alto de nuestra historia literaria y la sostiene a veces casi solo como una columna salomónica con su espiral de alternas asonancias reiteradas. Hay más: ¿qué decir a este respecto del teatro, de nuestro teatro? ¿Ha habido en el mundo otro caso de simbiosis parecido? Hasta el extremo de que, más de una vez, está uno viendo lo que pone Lope -en este caso, el más vasto de nuestros «Fénices de los Ingenios»- y le suena a uno a pueblo. O al revés: cuando oyes hablar al pueblo nos suena su gracejo al de Lope de Vega. "



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