Juego de niños (fragmento)Carmen Posadas

Juego de niños (fragmento)

"De nada sirvió que su amiga le intentara explicar que ella no pensaba que Sofía le mintiera, que desde muy niña le había dicho que no tenía padre y que, puestos a elegir misterios, el que sí le intrigaba era el otro, el de su mundo antes de que la vida diera tantas vueltas. «Vamos, Elba, no hace falta ponerse así, tía, hay miles, quién sabe si millones de niños en el mundo, que no saben nada de sus verdaderos padres y no por eso dejan de querer a sus padres de ahora. Para de comerte el tarro de esa manera. Olvídate ya, no hace falta darle más vueltas ni sentirte diferente por no tener papá, yo tampoco lo tengo, y qué. Además, hay secretos en los que es mejor no rebuscar porque lo más probable es que sean tristes o muy feos o las dos cosas a la vez tú misma dices que las niñas que se creen princesas son unas tontas de remate. En cambio, ¿qué pasa cuando sabes, cuando estás completamente segura de que si hubo un pasado más bonito que el presente, Elba?»
Elba ni siquiera se había tomado la molestia de leer esta parte del correo de Avril. Hacía rato que dejaba volar los dedos sobre el teclado escribiendo una frase tras otra sin comas, sin puntos, sin ortografía: Qué suertuda eresAwi megustaría tanto ser tú, ahora no sólo podrássaber cómo es tu pasado bolbiendo a kasa de tu madre, sino también cómo será tu futuro. Los que tenéis Padres (padres había escrito Elba, en plural y con mayúscula) jamás pensáis en estas cosas, claro, pero los que no lo tenemos, desconocemos también nuestro futuro porque no tenemos dónde mirarnos. Cada persona de una familia es un espejo. ¿Nunca lo habías pensado así? El padre, la madre, los abuelos, los tíos, son espejos pequeños, grandes, cursis, tramposos, sucios, espejos retrovisores, espejito espejito de Blanca Nieves, o de feria de pueblo, qué más da, unos más feos, otros más bonitos Pero en cada uno de ellos estás tú a poca atención que pongas. Nosotros los huérfanos, en cambio, no tenemos en quien mirarnos y tenemos que buscarnos a alguien, a alguien que…
Y siguió tecleando siempre atropelladamente, uniendo unas palabras con otras hasta que Avril se cansó de leer y cerró el ordenador. Que Elba creyera lo que le diera la gana, incluso que aquel hombre podía ser el Antonio del que hablaba la tía Lila o cualquier otro de igual nombre como el mismísimo padre de Elba, total, puestos a imaginar tonterías imposibles… cuando se le metía algo en la cabeza era muy difícil hacerla cambiar de opinión. Ya se desengañará mañana -se dijo Avril-; cuando vea que en esa casa no hay ningún Antonio. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com