La Fe (fragmento)Armando Palacio Valdés

La Fe (fragmento)

"Don Martín, comprendiendo que había ido demasiado lejos, asintió, no sin dirigir un guiño expresivo al capellán.
Se sentaron a la mesa. Obdulia hacía esfuerzos atroces por comer, pero su estómago se negaba a recibir alimento alguno. Seguía en un estado de agitación bien visible. Don Martín la embromó acerca de su falta de apetito. ¿Estaría por ventura enamorada? A pesar de su inclinación a la iglesia, él apostaba a que había de concluir apasionándose violentamente. De una sola ojeada conocía él los temperamentos destinados al amor. Había ciertas señales: la ojera, que ella tenía muy pronunciada, los ojitos un poco entornados, los labios secos… y otras, y otras. El jefe de inválidos volvió a deslizarse. Doña Eloísa estaba en brasas, y otra vez le llamó al orden con voz angustiosa. Sucedía esto muy a menudo. Don Martín gozaba lo indecible coloreando las mejillas de las damas con sus frases atrevidas. Le parecía que era el adecuado complemento de aquella otra tendencia que sentía a enrojecer las de los caballeros con sus proverbiales bofetadas. Ambas inclinaciones acusaban su temperamento heroico y daban testimonio innegable de su procedencia del arma de caballería. Obdulia solía responderle con oportunidad y con gracia, dejándole no pocas veces amoscado; pero la preocupación que ahora la embargaba le impidió tomar nota de sus palabras y darles su merecido. Antes de terminar la cena se sintió indispuesta y tuvo que salir a otra habitación y arrojó cuanto había comido.
A los postres llegó doña Serafina Barrado con su capellán y mayordomo. Ambos venían encarnados, risueños y extraordinariamente locuaces. Los ojos les brillaban con fuego alegre y malicioso, que llamó la atención de sus amigos. "



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