Los trenes se van al purgatorio (fragmento)Hernán Rivera Letelier

Los trenes se van al purgatorio (fragmento)

"Y tal si fuera el propio Nazareno reprendiendo lleno de ira a los mercaderes del templo, antes de salir definitivamente del vagón, les larga una imperiosa exhortación sobre la cruz.
De cierto os digo, hermanos míos, almas que viajáis en este penitente tren nocturno, de cierto os digo que la cruz se ve cansada, muy cansada. En verdad yo creo firmemente que la pobrecita ya está que baja los brazos. Y es que para ella, vieja y astillosa como una madre campesina, la competencia en este mundo lleno de orgullos y vanidades se ha ido tornando cada vez más dura. Cuestión de mirar los avisos en los diarios y en las revistas de magazine, y de parar un poco la oreja a la blasfema propaganda radial. Si hasta por correo nos bombardean con ofertas de cruces falsas, de cruces idólatras, de cruces paganas. Los prospectos y catálogos en papel satinado y a todo color son propiamente la Biblia con monitos; si hasta en imitación madera nos ofrecen las cruces los fariseos cortos de genio; nos las exhiben amononaditas en las vitrinas del comercio, en líneas aerodinámica nos las presentan a la vista, nos dan 33 años de garantía, nos ofrecen servicio técnico a domicilio, nos tientan hasta con facilidades de pago los gentiles fetichistas. Que aceptan la vieja en parte de pago, recalcan serios los disolutos. Habrase visto mayor sacrilegio. A este paso no sé hasta dónde diantres iremos a llegar. Si ustedes mismos han visto que hoy en día hasta en la calle nos la andan ofreciendo como la novedad del año, los charlatanes herejes; a grito pelado nos la ofrecen en las esquinas de las ciudades pululantes. La nueva cruz de baquelita le tenemos, dicen los muy baratilleros, y nos muestran cruces elegantes, livianitas, funcionales; cruces en colores para elegir. Que nueve de cada diez cristianos la llevan nos quieren convencer a toda costa los traficantes del demonio; que dejemos ya de arrastrar nuestra pesada cruz por la vía; que ahora nos la tienen con rueditas deslizantes; que con ella es un gusto ser cristianos. La irreverencia más absoluta, por Diosito santo. Si sólo les falta a estos mercaderes del templo que inventen y digan que la última moda es la cruz marca Burrito de San Vicente, la cruz del que lleva carga y no la siente. Si hasta existen fariseos de billetes de cola larga —y por la sangre del Cordero Santo que estoy diciendo la verdad más absoluta—, que se la mandan a fabricar a extranja especialmente para ellos. Por Dios que es cierto. A su gusto y medida se la mandan a confeccionar estos cristianos de pacotilla; a su propio amaño y antojo. Plegables, por ejemplo, se la mandan a hacer, convertibles en perchas, en atriles, en sillas de playa y en otra infinidad de artilugios no muy sacrosantos que digamos. Cuidado nomás digo yo, almas que me escucháis. Cuidado. No vaya a ser cosa que un día de éstos la cruz pierda su santa paciencia y diciendo no va más, señores, se acabó, kaput, fin de la película, cierre de una vez y para siempre sus amorosos brazos. Y ahí sí que quiero ver a esos pecadores. Ahí sí que quiero ver a todo ese rebaño de ovejas descarriadas. Ahí sí que los quiero ver, hermanitos míos. Porque entonces será el lloro y el crujir de dientes, como dice la palabra en las Sagradas Escrituras. "



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