Crónicas del desamor (fragmento)Elena Ferrante

Crónicas del desamor (fragmento)

"Consumimos y perdemos nuestra vida solo porque hace mucho tiempo un tipo con ganas de descargarnos dentro su pene fue amable y nos eligió entre todas las mujeres. Tomamos por cortesías dirigidas solo a nosotras el banal deseo de follar. Nos gustan sus ganas de follar, estamos tan obcecadas con él que creemos que son ganas de follar precisamente con nosotras, solo con nosotras. Oh, sí, él, que es tan especial y que nos ha reconocido como especiales. Les damos un nombre a esas ganas de coño, las personalizamos, las llamamos «mi amor». ¡Al diablo con todo, menudo engaño, menudo estímulo infundado! Igual que una vez folló conmigo, ahora folla con otra, ¿qué pretendo? El tiempo pasa, una se va, otra viene. Hice el amago de ingerir unas pocas pastillas. Quería dormir arrellanada en el fondo más oscuro de mí misma, pero en aquel preciso momento surgió de la masa de árboles de la plazoleta la sombra violácea de Carrano con su instrumento a la espalda. Con paso incierto y sin prisa, el músico recorrió todo el espacio vacío de coches —la canícula había dejado la ciudad definitivamente deshabitada— y desapareció bajo la mole del edificio. Después de un momento oí el crujido del engranaje del ascensor, su zumbido. De repente me acordé de que aún tenía el carnet de aquel hombre. Otto gruñó entre sueños.
Fui a la cocina a tirar las pastillas y el coñac por el fregadero y me puse a buscar el documento de Carrano. Lo encontré sobre la mesita del teléfono, casi oculto por el aparato. Lo manoseé un poco y miré la foto del músico. En ella tenía el pelo negro, aún no habían aparecido las arrugas profundas que le marcaban la cara entre la nariz y las comisuras de la boca. Miré la fecha de nacimiento, intenté recordar qué día era, y entonces advertí que su cumpleaños estaba a punto de empezar: cincuenta y tres años.
Me sentía indecisa. Me apetecía bajar el tramo de escaleras, llamar a su puerta y usar el documento para entrar en su casa a medianoche; pero al mismo tiempo estaba asustada, asustada del extraño, de la noche, del silencio del edificio, de los aromas húmedos y sofocantes que llegaban del parque, del canto de los pájaros nocturnos. "



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