La novia de Matisse (fragmento)Manuel Vicent

La novia de Matisse (fragmento)

"Entre ellos la seducción había quedado en un punto ambiguo. Al pié de aquella tabla flamenca, sentados al borde de la cama real, Julia y Míchel también habían compuesto una Piedad, sólo que esta vez no era la Madre la que contemplaba en su regazo al Hijo Crucificado, sino un hombre maduro quien tenía en sus brazos a una joven y hermosa mujer herida de muerte. Esa noche estos amantes iniciáticos se despidieron en el jardín sin que su pasión hubiera ido más allá de aquellas simples caricias en la habitación de invitados, y al quedarse sola y descalza en la hierba Julia no supo descifrar si había sido seducida o sólo consolada por aquel hombre.
Desde que los primeros análisis emplazaron a Julia ante la muerte no había dejado de correr la cuenta atrás. Habían pasado ya cuarenta días con sus noches y por una simple intuición se había ido percatando de que algo siniestro se cernía en torno a ella, pese al falso informe que guardaba en un cajón del vestidor bajo la protección de la mujer desconocida de Picasso. El hematólogo le había pronosticado tres meses de vida, y esta opinión había sido contrastada y confirmada por otros doctores de clínicas de Zúrich después de estudiar los análisis auténticos. Durante ese tiempo Julia había tenido altibajos en el estado de ánimo, pero salvo dos caídas profundas de la anemia que la tuvieron en cama no podía decir que se sintiera del todo mal porque de pronto, sin que nadie se explicara la causa, recobraba la energía y volvía a ser esa joven espléndida llena de fuerza vital. Así se sentía esa noche después de despedir a su amigo. Se quedó feliz mirando la pileta que contenía en su interior la luna llena diluida en sombras y se prometió que mañana mandaría al jardinero que vaciara el agua para rescatar el anillo de brillantes.
Por su parte, Míchel llamó al señor Segermann a su oficina de Ginebra. Los nenúfares de Monet todavía estaban inmovilizados en la caja de un banco en Madrid a la espera de que el judío internacional despejara a los intermediarios. No era un problema fácil de resolver. Míchel Vedrano quería ofrecer el cuadro limpio a Luis Bastos sin un sobreprecio excesivo, y por otra parte cobrar el Monet era la condición que el señor Segermann había impuesto a Míchel antes de darle a vender el dibujo de Matisse. "



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