Esto es agua (fragmento)David Foster Wallace

Esto es agua (fragmento)

"Es la hora en que la gente vuelve del trabajo y hay mucho tráfico, así que tardas mucho más de lo que deberías en llegar al supermercado, y cuando por fin llegas, te encuentras el supermercado abarrotado de gente, ya que por supuesto es esa hora del día en que toda la demás gente que trabaja también intenta encontrar un momento para hacer la compra, y la tienda está iluminada con una luz fluorescente y repulsiva, y bañada en ese hilo musical que te mata el alma o en música pop corporativa, y viene a ser el último lugar donde te apetece estar, pero te resulta imposible entrar y salir deprisa.
Te ves obligado a pasearte por todos y cada uno de los pasillos abarrotados de la tienda enorme e inundada de luz para encontrar las cosas que quieres, y tienes que maniobrar con tu carro destartalado de la compra para esquivar a toda la demás gente cansada y apresurada que también empuja carros de la compra, y por supuesto están también los ancianos glaciarmente lentos y la gente que está en Babia y los niños con desorden de déficit de atención que obstruyen el pasillo, y tú te tienes que aguantar y tratar de ser educado cuando les pides que te dejen pasar, y por fin, de una santa vez, consigues todo lo que necesitas para la cena, pero ahora resulta que no hay las bastantes cajas registradoras abiertas pese al hecho de que es la hora punta del final del día, así que la cola para pagar es increíblemente larga.
Lo cual es estúpido y exasperante, y sin embargo uno no puede desahogar su furia con la señora que está trabajando frenéticamente en la caja registradora, que ya está trabajando más de lo que debe en un puesto cuyo tedio diario y cuya falta de sentido sobrepasan la imaginación de ninguno de los que estamos aquí en una universidad de prestigio… pero bueno, por fin llegas al frente de la cola de la caja registradora y pagas tu comida, y esperas a que una máquina compruebe la autenticidad de tu cheque o de tu tarjeta y a que te desee «Que tenga un buen día» con una voz que es sin lugar a dudas la misma voz de la muerte.
Y después tienes que meter esas bolsas de la compra repulsivas y endebles llenas de comida en ese carro con una rueda descoyuntada que no para de desviarse exasperantemente hacia la izquierda, cruzar todo el aparcamiento abarrotado, lleno de baches y de basura tirada por el suelo, y tratar de cargar las bolsas en el coche de manera que no se caiga todo de las bolsas y ruede por el maletero de camino a casa, y luego hay que hacer todo el trayecto en coche a casa en pleno tráfico de hora punta, lento, tortuoso y lleno de monovolúmenes, etcétera, etcétera.
Todos los presentes hemos hecho estas cosas, está claro; pero todavía no forman parte de la rutina real de las vidas de los que os estáis graduando hoy, día tras semana tras mes tras año.
Pero lo serán, y se les sumarán muchas más rutinas espantosas, irritantes y aparentemente absurdas. "



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