La muchacha anticuada (fragmento)Louisa May Alcott

La muchacha anticuada (fragmento)

"Si una pudiera sacrificarse de una vez y dejarlo atrás, todo sería más sencillo, pero perseverar en el sacrificio diario para consumar deseos, inclinaciones y placeres es algo mucho más difícil, especialmente cuando la persona es joven, hermosa y alegre. Clases diarias, una conferencia altamente instructiva, libros junto a un fuego solitario o música sin más público que un gato adormilado y un pájaro con la cabeza bajo el ala no es precisamente lo que la gente consideraría una tarde dichosa, de modo que, pese a su resoluta determinación, de vez en cuando Polly anhelaba otras diversiones, y aunque a las nueve se dijera virtuosamente a sí misma: «Sí, lo más adecuado es que me vaya a la cama pronto para poder trabajar mañana», permanecía despierta en su lecho pendiente del sonido de los carruajes al pasar frente a su casa e imaginando a sus alegres ocupantes mientras se dirigían a la ópera, a una fiesta o a una representación teatral. Y el cojín de lúpulo de la señora Dodd podría haber estado lleno de ortigas, pues no encontraba en él ni el sueño ni el consuelo, siendo su única finalidad recoger y ocultar las lágrimas que su corazón se mostraba incapaz de contener.
Otra espina clavada en nuestra Polly en sus intentos por avanzar a través de los arbustos que barran el paso del progreso de la mujer fue el descubrimiento de que ganarse la vida cierra numerosas puertas incluso en la democrática América. A pesar de su pobreza, siempre había sido recibida con afecto en todos los lugares a los que Fanny la había llevado como su invitada, tanto cuando era una niña como cuando se convirtió en toda una mujer. Por entonces, no obstante, las cosas eran distintas. La gente más amable la trataba con condescendencia; los más descuidados, la ignoraban completamente, e incluso Fanny, pese a todo el afecto que le profesaba, consideraba que Polly, la profesora de música, no sería tan bien recibida en ciertos ambientes como lo había sido la joven Polly, la «amiga de la señorita Shaw». "



El Poder de la Palabra
epdlp.com