Memorias (fragmento)Baltasar Klossowski Balthus

Memorias (fragmento)

"Seguramente ha sido mi fe cristiana lo que me ha librado de las seducciones sociales, del famoso culto a la personalidad que el mundo moderno impone a los artistas. Los Padres del desierto, los apóstoles que deberían ser nuestros guías y nuestras estrellas, proclaman la renunciación, la desnudez extrema, la que te permite acceder a tu visión interior, a lo que realmente eres. En vez de eso, la sociedad apremia constantemente a las personas, las aparta de sí mismas, sitúa ante ellas unos espejos que no reflejan la realidad. No son más que mentiras, coartadas y máscaras. El mercado del arte está infectado con esa gangrena, y la sacrosanta firma del pintor vale mucho más que el propio cuadro. ¡Qué barbaridad, y qué vanidad cuando miramos al pasado! ¡Qué lejos estamos del pudor de los antiguos, de su voluntad de retiro! ¡Para Poussin, firmar un cuadro era la última de las formalidades!
La pintura moderna no acaba de entender que la meta sublime y última de la pintura (si es que hay alguna) es una herramienta, un camino para responder a las grandes preguntas del mundo aún por descifrar, aún sin leer por completo. El Gran Libro del Universo sigue siendo impenetrable, y la pintura puede ser una de sus claves de acceso. Por eso, sin duda alguna, es religiosa, y por lo tanto espiritual. Cuando pinto remonto el curso del tiempo y la historia, llego forzosamente a una prehistoria, a un tiempo indeterminado, original en el sentido estricto de la palabra. Es decir, que acaba de nacer. La obra me permite entonces estar en el primer día, pero la aventura es extrema y solitaria, aunque lleve a cuestas toda la historia pasada. Por eso no me canso de decir que el trabajo del pintor no puede separarse del de sus predecesores. Empezar de cero, partir de la nada no tiene ningún sentido si el pintor no se ha alimentado antes con toda la historia del arte, si no la ha asimilado, y a partir de ahí se limita a transfigurarla con lo que él es, lo que él ve y siente.
La pintura es algo muy materializado y, al mismo tiempo, muy espiritualizado. Es llegar al alma a través del cuerpo. Nadie puede aspirar a ella si antes no ha experimentado el júbilo que se siente al pasar la mano por el lienzo, al preparar los pigmentos, al comprobar la tensión del lienzo, al sumergirse en el color. Los desvaríos intelectuales de los ejercicios surrealistas son la antipintura. Lo cerebral, la farsa en exceso estorban el trabajo manual, artesanal, e impiden subir hasta el alma. Creer que en mis niñas hay un erotismo perverso es quedarse en el nivel de las cosas materiales. Es no entender nada de las languideces adolescentes, de su inocencia, es ignorar la verdad de la infancia. "



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