Ensayo sobre el lugar silencioso (fragmento)Peter Handke

Ensayo sobre el lugar silencioso (fragmento)

"También después, ya fuera en el aula o en cualquier otro sitio, siguió sin mirarme; pero ahora entre nosotros dos estaba claro que esto se había convertido en un juego, en nuestro juego. Él ya no era mi enemigo. Desde el episodio del cuarto de baño teníamos en común un pequeño secreto, y estoy seguro de que si hoy, casi medio siglo después, nos volviéramos a encontrar, al momento, y por primera vez, entraríamos en diálogo; empezaríamos a hablar… no de la carrera y de aquellos tiempos sino de los momentos imprevisibles, sorprendentes que habíamos pasado juntos en aquel Lugar Silencioso.
La otra vez que aquí importa en la que fui al Lugar Silencioso de la Facultad para lavarme el pelo, por lo menos esto es lo que recuerdo, fue al atardecer, todavía más tarde. Era ya noche cerrada y yo creía que ya no había nadie en el edificio: abierto al aire libre, el lugar donde refugiarse, un lugar acreditado como lugar más o menos secreto. Al abrir de un empujón la puerta que daba a las habitaciones de los lavabos y los servicios, las luces, de una especial claridad, estaban encendidas, habían pulsado los interruptores —¿o, en aquel tiempo, aún los habían girado?—, y en el lavabo que yo acostumbraba a utilizar alguien había metido la cabeza y también se estaba lavando el pelo. Al entrar yo, desde abajo me hizo un guiño y, a pesar de que era un desconocido, me saludó como si no ocurriera nada especial.
Yo no conocía a este hombre; no me había encontrado con él nunca, ni en la universidad ni en la tienda donde yo trabajaba a veces, antes de las fiestas, en la sección de envíos, ni en ninguna parte. Y, no obstante, el extraño no me era en absoluto extraño, o lo era de un modo que casi irradiaba familiaridad. No, no era familiaridad, era más bien una especie de espanto. Aunque para lavarse el pelo este hombre se había quitado la camisa, cosa que allí yo no hacía nunca, y aunque además por la edad hubiera podido ser mi padre o alguien de su edad, yo me vi, y esto ocurrió con sólo mirarlo, a mí mismo de pie junto al lavabo. En la habitación de los lavabos me topé con mi doble, el doble que, desde mi primera infancia, sabía que estaba en alguna parte, detrás de los horizontes, y que algún día se cruzaría en mi camino, o yo en el suyo. "



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