Una playa de moda (fragmento)Wenceslao Fernández Florez

Una playa de moda (fragmento)

"El sol, rojo, sin fuerza ya, velado por la calina, tiene, Iludiéndose entre los dos montes que guardan la ensenada, un prestigio de cuartel heráldico. Cuando desaparece, aun lucha mucho tiempo la luz con las tinieblas. Un istmo de sombra une primeramente la isla de Santa Clara con el Igueldo, se obscurecen los montes, pero el agua quieta de la bahía conserva una extraña luminosidad, como si en su interior estuviese naciendo la luna. Un barco de cabotaje es una negra y plana silueta sobre el mar. Un marinero mira desde la borda, inmovilizado por la honda sentimentalidad del instante. Primero, oyó el rumor confuso de la ciudad y los agudos chillidos de los pequeñuelos que corrían sobre la arena de la playa; vio el ir y venir de las gentes por el paseo de la ribera. Después la sombra de los tamarindos creció, y los paseantes se sumieron en ella misteriosamente. La playa está silenciosa también. Ese recogimiento que en los anocheceres llega del mar y baja de las montañas, pasó por encima del agua y de la tierra con un dedo erguido ante sus labios.
Pero, súbitamente, las luces de la ciudad se han encendido. En lo sumo de Igueldo, el Casino es como una hoguera. Diríase que allí han nacido todas las lucecitas que ahora alumbran la población; nacieron y bajaron en doble hilera por la pendiente del monte, y siguieron por el paseo de la Concha y se agruparon después en el Gran Casino, y continuaron hasta los muelles, hasta la falda del Urgull. Y una de las luces, romántica, fue a aislarse entre la fronda de Santa Clara. Y otra se detuvo en el barco negro e inmóvil, y está temblando su reflejo en el mar. "



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