La historia de Kullervo (fragmento)J. R. R. Tolkien

La historia de Kullervo (fragmento)

"Llega el goteo de un Oriente vago y desconocido, claro está (incluso queda reflejado en las queridas cubiertas rosas de los libros mencionados), pero esa influencia extranjera, si es que llega a notarse, se hace más patente en las formas literarias finales que en las historias originales. Entonces, quizá, descubrimos el Kalevala o (en traducción aproximada, que resulta mucho más fácil de pronunciar) la «Tierra de Héroes»; y de repente entramos en un mundo nuevo, y podemos gozar de una fresca y maravillosa exaltación. Nos sentimos como Colón en un nuevo continente o Thorfinn en Vinlandia la buena. Nada más desembarcar en esta nueva tierra podemos, si queremos, comenzar inmediatamente a compararla con la tierra de la que venimos. Montañas, ríos, hierbas, etcétera, serán rasgos que ambas tendrán en común. Algunas plantas y animales podrán resultar familiares, sobre todo la feroz y salvaje raza humana; pero lo que nos puede perturbar, o encantar, será, con bastante probabilidad, el sentido a menudo indefinible de frescura y rareza. Los árboles se agruparán de manera diferente en el horizonte, los pájaros emitirán una melodía desconocida, los nativos usarán una jerga salvaje y, al principio, incomprensible. Sin embargo, en el peor de los casos, espero que después de eso, el paisaje y sus formas nos resulten ya más familiares y podamos comunicarnos con los nativos, y nos resulte bastante divertido convivir con esa extraña gente y esos nuevos dioses por un tiempo, con esa raza de héroes sinceros y escandalosos y de amantes tristes, nada sentimentales, y al final puede que tengamos el deseo de quedarnos por una temporada o incluso de no volver nunca a casa.
Así me sentí al leer el Kalevala por primera vez, es decir, la primera vez que crucé el abismo que separa a los hablantes europeos de lenguas indoeuropeas de este reino, más pequeño, de quienes mantienen, en extraños rincones, su adherencia a las lenguas y los recuerdos olvidados de los tiempos antiguos. La novedad me perturbó y formó nudos incómodos debido a la torpeza de una traducción que para nada había superado las particulares dificultades del original; me irritaba, pero a la vez me atraía. Y cuanto más lo leía, más cómodo me sentía y más lo disfrutaba. En vez de poner todo mi esfuerzo, tal como correspondía, en los exámenes de Oxford (Honour Moderations) realicé un feroz ataque a la fortaleza de la lengua original y al principio fui repelido, y con muchas bajas. Pero resulta hasta fácil ver la razón por la que las traducciones no son buenas: estamos ante una lengua separada del inglés por un abismo de método y expresión bastante insondable.
Sin embargo, hay un tercer caso que no he tenido en cuenta: podemos sentir aversión y nada más, y querer embarcarnos en la siguiente nave para volver a nuestro país de origen. En este caso, antes de partir, que debería ser pronto, pienso que es justo señalar que si tenemos la sensación de que los héroes del Kalevala se comportan con una singular falta de dignidad convencional y con una propensión a verter lágrimas y asestar golpes bajos, no son más indignos ni provocan más aversión que un amante medieval que cae abatido por la crueldad de su dama porque ella no tiene compasión de él y lo condena a derretirse hasta morir, y que se sorprende ante la novedosa idea de su amable consejero, quien le señala que la pobre dama todavía no ha sido informada, de ningún modo, de sus sentimientos. Los amantes del Kalevala son directos y se llevan unas buenas reprimendas. No hay ningún Troilo tímido necesitado de un Pándaro para cortejar por él; aquí son las suegras las que negocian con gusto entre bambalinas y ofrecen consejos cínicos a sus hijas con el fin de despejar cualquier ilusión, por grande que sea. "



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