Las gafas de oro (fragmento)Giorgio Bassani

Las gafas de oro (fragmento)

"En cuanto terminé de comer, volví solo a la playa.
Me senté bajo el toldo. El mar ya estaba azul oscuro. Pero aquel día, desde la orilla y hasta perderse a lo lejos, cada una de las crestas de las olas enarbolaba un penacho blanco como la nieve. El viento soplaba desde el mar abierto, pero ahora un poco de través. Si levantaba los gemelos militares de mi padre hasta encuadrar el espigón de la Punta di Pesaro que cerraba el arco de la bahía a mi derecha, lo veía doblar allá arriba el tronco de los pinos, alborotar de manera salvaje sus melenas. Las amplias olas, empujadas por el llamado viento griego de la tarde, avanzaban en filas apretadas y constantes. Antes de que comenzara a reducirse la altura de las cimas de espuma hasta hacerlas casi desaparecer del todo en los últimos metros, parecía que se precipitaran al asalto de la tierra firme. Tumbado en la hamaca, oía el golpe sordo de las olas contra la orilla.
El desierto del mar, del que habían desaparecido hasta las velas de los pesqueros (las vería la mañana del día siguiente, casi todas alineadas a lo largo de los puertos-canales de Rímini y Cesenatico), se correspondía con el desierto igualmente absoluto de la playa. Bajo un toldo no muy lejano del nuestro alguien estaba poniendo en marcha un gramófono. No sabría decir qué tipo de música era. Quizá jazz. Permanecí así durante más de tres horas, con los ojos fijos en un viejo pescador de coquinas que escarbaba el fondo del mar justo delante de mí, a escasa distancia de la orilla, y con aquella música en los oídos igual de triste e incansable. Cuando me levanté, poco después de las cinco, el viejo seguía buscando sus coquinas y el gramófono sonando. El sol había alargado las sombras de los toldos y de las sombrillas. La de la sombrilla de Fadigati ya casi estaba tocando el agua.
Por el lado del mar, la rotonda que había delante del Grand Hotel lindaba directamente con las dunas. Apenas había puesto el pie en ella, cuando pude ver a Fadigati, sentado en uno de los bancos de cemento, frente a la escalinata exterior del hotel. "



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