El último Mesías (fragmento)Peter Wessel Zapffe

El último Mesías (fragmento)

"Una noche en tiempos remotos, el hombre despertó y se vio a sí mismo.
Vio que estaba desnudo ante el cosmos, sin hogar en su propio cuerpo. Todo se disolvía ante su escrutinio, maravilla tras maravilla, horror tras horror se desdoblaban en su mente.
Entonces la mujer también despertó y dijo que era hora de ir y cazar. Él cogió su arco, fruto del matrimonio entre la mano y el espíritu y salió fuera, bajo las estrellas. Pero mientras las bestias llegaban a los pozos donde él las esperaba por costumbre, no sintió más el impulso de la caza, sino un gran salmo sobre la hermandad del sufrimiento compartido por todo lo que vive. Ese día no volvió con ninguna presa y cuando fue encontrado en la luna próxima, estaba sentado, muerto, al lado del pozo.
¿Qué había ocurrido? Una fisura en la mismísima unidad de la vida, una paradoja biológica, una abominación, una absurdidad, una exageración de desastrosa naturaleza. La vida se había excedido en su objetivo, destruyéndose a sí misma. Una especie había sido demasiado bien armada, dotada de un poderoso espíritu, pero era por igual una amenaza para su bienestar.
Su arma era como una espada sin empuñadura, una hoja de doble filo capaz de cortarlo todo; pero aquel que la blande debe agarrarla y volver uno de los filos contra sí mismo.
[...]
Y los humanos persistirán en el sueño de la salvación y la afirmación de un nuevo mesías. Cuando muchos salvadores hayan sido clavados en árboles y lapidados en las plazas de las ciudades, entonces habrá de venir el último Mesías.
Aparecerá pues, un hombre, que por primera vez, se ha atrevido a desnudar su alma y someterla al más extremo pensamiento del linaje, la idea de la condenación. Un hombre que ha comprendido la vida y su fundación cósmica; y cuyo dolor es el dolor colectivo de toda la Tierra. Con qué furiosos gritos de ira pedirán muchedumbres de todas las naciones su muerte por un millar de veces, cuando como un lienzo su voz envuelva el globo y el extraño mensaje resuene por primera y última vez:
“La vida de los mundos es un río rugiente, pero la Tierra es un remanso y estanque. El signo de la condenación está escrito en vuestras frentes, ¿Cuánto seguiréis golpeándoos contra el espino? Pero hay una conquista y una corona, una redención y una solución. Conoceos, sed infértiles y dejad que la tierra quede silenciosa tras vosotros.”
Y cuando haya hablado, se verterán sobre él, dirigidos por los pacifistas y las matronas, y lo enterrarán bajo sus uñas. Él es el último Mesías. Como hijo del padre, desciende del arquero junto al pozo. "



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