Controversias (fragmento)Marco Anneo Séneca

Controversias (fragmento)

"Cada uno empleó un color diferente en favor del padre. Fusco reconoció que el padre se había enfadado con el hijo porque éste había matado a su hermano en su presencia, e insistió en este punto con vehemencia, ya que nadie, ni tirano ni pirata, había hecho nunca algo semejante. «Me encolericé porque con este crimen mancillabas incluso el tiranicidio; está claro que has perdido el juicio por alguna enfermedad que hace que te vuelvas contra los tuyos». Y mantuvo este tono en toda su intervención: «Me enfadé, sigo enfadado hoy, y no lo lamento». No se deshizo en ruegos ni suplicó, sino que se sirvió de sus derechos de padre. Como excusa de la crueldad de su carta alegó lo siguiente: «No les escribí a los piratas con la intención de que te cortaran las manos, sino para echarte en cara a ti que las hubieras manchado con la sangre de tu hermano en presencia de tu padre. De todas maneras, yo estaba muy tranquilo cuando la escribía, porque sabía que los piratas no lo harían si no habían recibido el dinero, y yo no pensaba enviárselo. De hecho, no te mutilaron.
Si hubieran concebido alguna esperanza de recibirlo, te las habrían cortado sin dudarlo, pero era evidente que se trataba de una carta de alguien muy enfadado y no de uno que hace una oferta». Por último, señaló lo desgraciado que se sentiría él siendo mantenido por aquellas manos que, poco antes, había visto cómo mataban a un hermano, y acabó con unas palabras que, según contaba Fusco, despertaban gran admiración cuando su maestro las pronunciaba, y que son las que Homero pone en boca de Príamo: «y le besó las manos terribles y homicidas que a tantos hijos suyos habían matado».
El propio Pompeyo Silón también reconoció el enfado. Decía, además, que nadie se lo creería si afirmaba que no se había enfadado. Pero no dio para el enfado la misma razón que Fusco, ya que, según él, había que pasar por alto el tipo de ofensas de las que el hijo pudiera vanagloriarse. Dio como razón que había sido abandonado por su único hijo, quien se había hecho a la mar en contra de su voluntad, a pesar de verlo anciano, sin hijos, casi en la miseria, y que ya entonces aquél había huido para no tenerlo que mantener. Presentó a su padre en actitud suplicante e incluso hizo que acabara implorando a su hijo. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com