Crónicas Familiares (fragmento)Vasco Pratolini

Crónicas Familiares (fragmento)

"No nos veíamos desde setiembre del año anterior; me había visto forzado a partir precipitadamente, sin saludarte siquiera. Te había dejado mientras estabas gravemente enfermo, y durante varios meses había carecido de noticias tuyas. Después de la liberación de Florencia, una carta tuya me dijo que habías pasado casi todo aquel año en el hospital.
Monté en la bicicleta para ir a tu encuentro. Era ya de noche y las calles estaban oscuras y llenas de gente, pero el aire era todavía tibio y el viento que me golpeaba sobre el rostro me alegraba. Es la última hora de contento que recuerdo; no hallaré jamás la feliz disposición de espíritu que alegró aquella noche. Podemos habituarnos a las persecuciones, a los fusilamientos, a los desastres; el hombre es como un árbol y en cada uno de sus inviernos va engendrando la primavera que trae nuevas hojas y nuevo vigor. El corazón del hombre es un mecanismo de precisión, compuesto por pocas piezas esenciales, que resisten al frío, al hambre, a la injusticia, a las crueldades, a la traición, pero al que el destino puede herir, como hace el niño con las alas de la mariposa. El corazón sale de estos golpes latiendo cansadamente; a partir de ese momento el hombre será quizá más bueno, quizá más fuerte, y quizá más decidido y consciente en su trabajo, pero no volverá a hallar en su espíritu aquella plenitud de vida y de impulsos con que puede llegar a rozar la felicidad. Aquel día era el 18 de diciembre de 1944.
El bar estaba desierto. Te hallabas sentado junto a la ventana; en un rincón, un soldado extranjero y una muchacha se abrazaban. Al entrar yo te levantaste. Estabas alto, diáfano; la barba rubia, que hacía un par de días que no te afeitabas, daba a tu rostro una vaga luminosidad. Tu mirada era dulce, incierta, casi velada. "



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