Sofía o el origen de todas las historias (fragmento)Rafik Schami

Sofía o el origen de todas las historias (fragmento)

"Salman se asustó al observar que todo, las callejuelas, las casas, las puertas, las ventanas, sí, incluso sus conocidos y familiares, eran más bajos y menudos, más oscuros de como los recordaba, y se preguntaba si la memoria no hacía que todo pareciera más grande, luminoso e idílico.
Los primeros días tuvo la impresión de que podía ir de un lado a otro libremente y hablar con cualquier persona. A lo mejor el servicio secreto lo observaba, pero en ese caso sus perseguidores tenían que ser muy refinados, pues, pese a su experiencia en la clandestinidad, Salman no notaba que hubiera ninguno.
Solía regresar a casa ya entrada la tarde, se acostaba una hora, tomaba un café fuerte con sus padres, hablaba largo rato con Stella y Paolo, y hojeaba un poco la prensa sensacionalista que su padre compraba en cantidades industriales. Luego, a veces se reunía con antiguos compañeros de la escuela y con amigos en cafés o bares. Todos habían tomado distancia respecto al modo en que evolucionaba el país, incluso se mostraban indiferentes. En presencia de amigos y parientes, sólo expresaban lo que no ponía en peligro su seguridad, y por Dios que era poco. A solas con Salman eran más francos y críticos. A él le daba la sensación de que no tenían miedo, pero habían tirado la toalla. Eso lo decepcionaba y lo alejaba de los compañeros de antaño.
La familia de la tía Takla le deparó la sorpresa más agradable. Salman describió vívidamente a Stella la buena impresión que le había causado esa familia amable, despierta y leal: no sólo Tárek, su esposa Mona y su inteligente hija, Samira, sino también la tía Takla, que, si en otra época le había parecido insignificante, ahora le resultaba una mujer madura divertida y audaz. Y su prima, María, que aparecía casi todas las tardes pese a vivir muy lejos, era para él la rosa de la familia.
Samira iba pocas veces. Tenía mucho trabajo con los dos niños pequeños y un marido amable pero inmaduro. La tía Takla se referiría a él, sin rodeos, como «el tercer bebé de Samira».
La tía, en cambio, iba cada tarde. Bajo el elegante abrigo, llevaba un modesto vestido de colores de estar por casa, como la madre de Salman, como miles de madres italianas y árabes. Ayudaba en la cocina y servía a los invitados como si fuera una empleada doméstica. "



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