Prometeo mal encadenado (fragmento)André Gide

Prometeo mal encadenado (fragmento)

"Señores, antes me ganaba la modestia; les pido que me disculpen: es la primera vez que hablo en público. Sin embargo, ahora me gana la franqueza: señores, me ocupaba de los hombres más de lo que he dicho, y bastante hice por ellos. Señores míos, amé a los hombres apasionada, perdida y lamentablemente. Tanto hice por ellos que igual podría decirse que los convertí en lo que son, porque antes, ¿qué eran? Eran, pero no tenían consciencia de ser. Por eso les hice, con todo mi amor, una conciencia, como una llama que los iluminase. La primera consciencia que tuvieron fue la de la belleza, lo cual les permitió propagar la especie. El hombre se perpetuó en su descendencia y pudo seguir contando sin ninguna dificultad la despreocupada belleza de los primeros humanos. Tal situación hubiera podido durar indefinidamente. Sin embargo, preocupado e ignorando que llevaba en mí el huevo de mi águila sin saberlo, quise algo más o mejor. Aquella propagación, aquella prolongación fragmentada me hizo pensar que había una cierta espera en ellos, cuando en realidad la única que me estaba esperando era mi águila. Ignoraba esto pues creía que esa espera se encontraba en el hombre, la situaba yo en el hombre. Por lo demás, habiendo creado al hombre a mi imagen y semejanza, ahora entiendo que en cada hombre hubiese algo sin romper su cascarón; había un huevo de águila en cada uno de ellos… Luego ya no sé, soy incapaz de explicarlo. Lo único que sé es que, no contento con darles la consciencia de su ser, también quise darles la razón de ser. Les di el fuego, la llama y todas las artes que ella alimentaba. Calentando sus mentes desde adentro, hice que rompiera su cascarón la devoradora creencia en el progreso. Para mi propia sorpresa, me alegraba saber que la salud del hombre se gastara al generar una convicción semejante. Ya no se trataba de la creencia en el bien, sino de la enferma esperanza de algo mejor. La creencia en el progreso, señores, creó su propia águila. Nuestra águila es, señores, nuestra razón de ser.
La felicidad del hombre fue disminuyendo y disminuyendo, lo que acabó por darme lo mismo: el águila había nacido. Y yo había dejado de amar a los hombres. A mis ojos se habían convertido en una humanidad desprovista de historia… La historia del hombre, Señores, es la historia de las águilas. "



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