En busca de Bisco (fragmento)Erskine Caldwell

En busca de Bisco (fragmento)

"En Mississippi, los blancos tratan a los negros como si fueran bestias. Sí, sí, como bestias. En Mississippi, por menos de un pitillo matan a un negro. Un día uno ve a un conocido, y al día siguiente ya ha desaparecido para siempre. Y es que los blancos le han echado a un pozo, o le han atado a una pesada pieza de hierro y le han arrojado a una charca. De todos los lugares del mundo, Mississippi es el último al que yo aconsejaría a un negro que fuera, o el primero del que le diría debe largarse. Conste que no digo que aquí vivamos bien, pero para las gentes de color es mucho mejor que Mississippi. Por esto dejé la Frisco, cuando solamente llevaba un mes en Mississippi. Volví a Alabama y encontré un buen empleo en el aserradero.
Después de haber estado trabajando casi veinticinco años aquí, en el aserradero, no quería abandonar el empleo, porque verdaderamente me gustaba, pero entonces la empresa dijo que tenía que dejar el trabajo porque ya había cumplido los sesenta y cinco años. Eso ocurrió hace unos tres años. Durante estos años había ahorrado algún dinero, lo que me permitió comprar una casita para mi familia, lo que es mucho mejor que pagar un alquiler de veinte dólares al mes para vivir en una barraca, tal como tienen que vivir los otros negros, ahí, bajo la colina.
Tengo tres hijas, ningún chico, y las tres prefirieron casarse a ir a la universidad. Me dieron un disgusto, porque a mi juicio obtener una buena educación es lo mejor que uno puede hacer cuando sabe que no dejará de ser negro en el resto de sus días. Pero mis hijas quisieron casarse y tener una familia propia. No, no puedo reprochárselo ahora. Las tres están casadas y viven felices. Quizá las mujeres son más inteligentes que los hombres, en estas materias, y saben desde un buen principio qué es lo que más les conviene.
Pues, mientras trabajaba en el aserradero, ahorré lo bastante, no sólo para comprarme una casita, sino también para comprar un terreno y construir allí la tienda. Ahora ya lo he pagado todo, no debo ni un céntimo a nadie. Cuando se llega a mi edad, esto tranquiliza. "



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