El mapa calcinado (fragmento)Kobo Abe

El mapa calcinado (fragmento)

"Ayer, a esta misma hora, el tipo, apostado cerca de esa segunda columna, me dirigió la palabra despidiendo un olor grasiento como de guiso de algas a través de las solapas de su sobretodo, embutido dentro de sus hombros pronunciados… Me dejó una especie de comezón, sobre todo en las zonas que percibieron su presencia, y hasta ahora no he hallado ningún alivio.
Si algo ha cambiado, aunque sea en lo más mínimo… es la impresión que conservo de su conducta arrogante e imprudente. Por supuesto, sé muy bien que se trataba del individuo que me empleó a sueldo. Pero nuestros clientes, en general, se comportan como perros rastreros o muestran sus sonrisas humildes y un tanto retorcidas. En esos casos les respondemos con la misma sonrisa vulgar y cínica, como diciéndoles que la vida es así, y simulamos pisar junto con ellos las mismas inmundicias para que aflojen sus tensiones. Así podemos mantener nuestro amor propio, conservando las expectativas en lo referente a la vida terrenal, pues, a decir verdad, guardamos en secreto la convicción de que los seres humanos somos unos canallas. Sin embargo, el tipo no reveló ni siquiera una pizca de humildad: a pesar de que no trató de ocultar desde el principio que vivía entre las miasmas, jamás me permitió asomarme a ellas, menos aún tocarlas. En una palabra, era de una calaña radicalmente distinta a la de mis otros clientes. Si bien es cierto que era un bicho raro, tampoco puedo negar que lo traté con prejuicios. Al reflexionar de esta manera, creo detectar de forma ambigua su otra cara, que se me había escapado hasta ahora o, mejor dicho, que he tratado de ignorar a propósito. Por ejemplo, el rostro de fugaz seriedad que mostró cuando me preguntó qué opinaba de su hermana “como mujer”… O el detalle atento cuando le pidió un huevo extra al cocinero en el micro ambulante… Si no me hubiera dejado llevar por mis prejuicios… Si me hubiera mantenido a su altura, sin haber decidido de antemano que se trataba de un muro que me obstaculizaba la visión… quizá habría podido convertir ese muro en una puerta que me permitiera el acceso a su interior.
De todas maneras, ya ni siquiera existe tal muro. Y, junto con el muro, se me ha cerrado también la posibilidad de tener acceso a una puerta. "



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