Pelham Uno, Dos, Tres (fragmento)John Godey

Pelham Uno, Dos, Tres (fragmento)

"En cuanto el jefe de los secuestradores volvió a la cabina del conductor, Tom Berry lo apartó de su mente y volvió a pensar en Deedee, particularmente en el día en que la conoció y, de modo general, en la forma en que ella había influido en sus ideas. No era que él no hubiese tenido ya algunas ideas propias, vagamente inadecuadas para un policía; pero éstas no habían sido apremiantes. En cambio, Deedee había hecho que reflexionase en serio sobre sus presunciones.
Hacía tres meses que prestaba servicio de paisano en East Village. Era un servicio voluntario, y Dios sabría por qué se había metido en él, si no era por la circunstancia de que se aburría terriblemente en su coche de patrulla y le fastidiaba su compañero, un tipo de cuello gordo y pinta de nazi, que odiaba a los judíos, a los negros, a los polacos, a los italianos, a los puertorriqueños y a casi todo el mundo, y que era violento partidario de la guerra: de la de Vietnam y de todas las guerras pasadas y futuras. Por consiguiente, se había dejado crecer la barba, el cabello, que le llegaba hasta los hombros, se había ataviado con ponchos, cintas en la cabeza y abalorios, y se había ido a vivir con los ucranianos, ladrones de motos, vagabundos, toxicómanos, invertidos, estudiantes, radicales, aventureros, adolescentes fugados de casa y toda clase de extraña población hippy del East Village.
La experiencia había resultado un tanto extravagante, pero no aburrida. Había llegado a conocer a algunos de los hippies y a simpatizar con ellos; con algunos de los chivatos vestidos de hippy (como él mismo); con algunos animados negros, que llevaban una vida alegre y carismática gracias a un color de piel muy de moda en aquellos andurriales, y, por último, a través de Deedee, con algunos muchachos idealistas y revolucionarios, que habían abandonado las comodidades de la clase media y los distinguidos campus de Harvard, Vassar, Yale y Swarthmore. Aunque habría sido incapaz de alistarse junto a ellos para una revolución y aunque, probablemente, ni el propio Mao se habría sentido muy entusiasmado al verlos.
Había conocido a Deedee durante su primera semana de servicio cumpliendo sus instrucciones de aclimatarse y de captar las costumbres de la comunidad. Estaba leyendo los títulos de las obras exhibidas en el escaparate de la librería de St. Marks Place —una mezcla de maestros del tercer mundo, maoístas y del Movimiento Americano, desde Marcuse hasta Jerry Rubin—, cuando ella salió de la tienda y se detuvo también a mirar los libros del escaparate. Vestía pantalón azul y camisa de punto sin mangas, y pertenecía, visiblemente, al tipo inconformista: largos cabellos sueltos sobre los hombros y nada de sujetadores ni de maquillaje. Pero el cabello era brillante y limpio; los pantalones y la camisa, recién lavados (incluso ahora recordaba estas sus primeras observaciones); la figura, esbelta, y las facciones, francas y muy cercanas a la belleza. "



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