La escala de los mapas (fragmento)Belén Gopegui

La escala de los mapas (fragmento)

"Un experimento consiste en provocar cierto fenómeno para estudiarlo, y ustedes se preguntarán cómo se puede provocar un hueco. También Brezo me lo preguntó. Supón, le dije, que hoy te anuncian el regreso de un viejo amigo a quien ya juzgabas irrecuperable en la distancia de otro continente. Son las ocho de la tarde, tú sales a la calle fantaseando con el encuentro, es tan incontenible tu alegría que andas riéndote en voz baja, porque en un segundo has visto tu pasado con esa persona y el futuro, la dicha de la proximidad. Subes a un autobús enumerando los sitios donde piensas llevarle, tu brazo en alto se aferra a la barra sucia, un individuo de cogote grueso te empuja contra el pecho opulento de una mujer, ella hace ostensibles gestos de molestia pero tú los ignoras, concentrada en la escena que imaginas, palpitas de puro júbilo, como si ya sintieras en tus costillas la presión del primer saludo. Más he aquí que era todo una falsa alarma. Quien te anunció que tu amigo volvía se había confundido en la fecha o en el nombre. «Qué chasco», comentarían algunos. «Qué hueco», diría Sergio Prim. ¿Dónde estabas tú mientras planeabas el encuentro? Si contestas «En un autobús», ¿no pecas, cuando menos, de imprecisión? ¿De qué sustancia se compone, en qué lugar se ubica esa emoción que fue tuya: cuarenta y cinco minutos de felicidad concreta motivados por un acontecer ilusorio? El chasco, bien que fulminante, sucede a posteriori: afecta sólo al último minuto, no puede borrar los otros cuarenta y cuatro pasados al margen de su jurisdicción. En cambio, ese espacio de tiempo contrario a la realidad de quién es, Brezo, Brezo, ¿a qué categoría pertenece?
El sábado se había disuelto rápido, como un nudo mal hecho por la premura de Brezo y su cita nocturna. Pasé aquella noche en vela, sentado frente a mi antigua máquina Olivetti. Escribí y escribí, insomne avistador de los murciélagos. Cuando dieron las tres de la mañana tenía ya en mis manos una lista de experimentos. Así me esforzaba por no declinar nunca, Brezo. Desde que subiste a mi casa y te dejaste acariciar yo había procurado no cometer errores: rendirte, más sin dejar de desearte; desearte, pero sin sucumbir al monstruo de los celos. Adorarte y servirte, sin tornarme por ello débil ante tus ojos, y por lo tanto inútil, vano y alicaído, e incapaz de servirte por lo tanto. El hueco era mi único recurso: encontrarlo, ofrecértelo sobre un altar de rojos mimbres vacilantes que ya me esperaba.
Por un andén moderno y su cemento oscuro salió el tren. Antes los compartimentos emulaban cuartos. Ahora no. Hay vagones enteros sin puertecillas. Las hileras de asientos se dan la espalda. Si no fuera por el abrupto bamboleo o por la cinta de raíles que asomaba distante, me hubiese creído en una furgoneta. Era aquel tren contrario a cualquier relato decimonónico. Un hombre con aspecto de vendedor de biblias quiso entablar conversación. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com