El mapa de la vida (fragmento)Adolfo García Ortega

El mapa de la vida (fragmento)

"Estaban frente al estanque del Retiro, en la columnata de Alfonso XII, sentadas sobre los escalones del monumento. Ada había elegido ese sitio al azar cuando la abogada le llamó para «una segunda vez», después de haber consultado con Santiago. Olimpia aceptó verla allí. Aunque el lugar le parecía inapropiado, reconoció que no estaba en condiciones de elegir otro para aquella cita; la vez pasada, en el kebab, fue peor.
Era curioso que mientras las dos mujeres hablaban cara a cara, las dos, a su vez, estaban dejando que una ráfaga de imágenes pasadas y futuras atravesara su pensamiento. Olimpia no se quitaba de la cabeza el asunto de la operación de pecho; y Ada recordaba unas vacaciones en la costa en que, muy niños, Paula y Javier se intoxicaron gravemente. Hubo que llevarlos al hospital más cercano en una ambulancia. Paula fue la que más problemas dio en aquella época, con siete u ocho años; estaba loca por su padre, y rechazaba a su madre en cuanto podía, con rebeldía e insolencia; la insultaba, no quería ni verla. Ahora, con el divorcio, había percibido algo similar: de la noche a la mañana Paula había cambiado, estaba en su contra, como si hubiera tomado partido de pronto, conscientemente, por Santiago, sin fisuras ni objetividad.
Su padre era, para ella, la parte necesitada, la que debía afrontar la realidad tal cual se la había impuesto su madre: como derrota. Qué equivocada estaba, pensaba Ada de su hija, a quien por ello veía alejarse de su lado, injusta e intolerante, seguramente dos rasgos propios de la juventud, aún inexperta en matices y en paciencia. ¡Si supiera! Era una burla malévola que ahora protegiera a su padre, después de haber discutido tanto con él en los últimos años, hasta el desprecio; paradójicamente Santiago había pasado a ser, para Paula, el abandonado, el cornudo. Imaginar que su hija ocupara el puesto que ella había dejado en casa la estremeció, pero lo consideró una preocupación innecesaria y cruel hacia Santiago; él siempre fue un padre cariñoso. "



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