La tierra purpúrea (fragmento)William Henry Hudson

La tierra purpúrea (fragmento)

"Procedí en seguida a instalarme en la cocina. Nadie de la casa pareció haber hecho nunca ni siquiera una visita casual a ninguna otra de las habitaciones. Esta cocina era vasta como un granero, de no menos de trece o catorce metros de largo y proporcionalmente ancha; el techo era de totora, y el hogar, ubicado en el centro del piso, era una plataforma de arcilla cercada con tibias de vaca, enterradas a medias verticalmente. Algunos trébedes y calderos de hierro estaban dispersos alrededor y de la viga central, que sostenía el techo, se había suspendido una cadena con un gancho del cual colgaba una enorme olla de hierro. Había otro objeto, una vara de hierro de unos dos metros de largo para asar la carne, que completaba la lista de utensilios de cocina. No había sillas, mesas, cuchillos ni tenedores; cada uno llevaba su propio cuchillo, y a la hora de la comida la carne hervida era echada en una gran fuente de lata, mientras que cada uno comía el asado del propio asador tomando la carne con sus dedos y cortando su tajada. Los asientos eran troncos de árboles y cráneos de caballos. Las gentes de la casa eran una mujer, una vieja negra, horriblemente fea, de cabellos grises, de unos setenta años, y dieciocho o diecinueve hombres de todos los tamaños y edades, y de todos los colores, desde el pergamino blanco hasta el cuero curtido y muy viejo. Había un capataz, o mayoral, y siete u ocho peones a sueldo, siendo todos los otros "agregados", es decir, supernumerarios sin sueldo o, para decirlo claramente, vagabundos que se incorporan como perros errantes a establecimientos de esta clase, atraídos por la abundancia de carne, y que ocasionalmente ayudan en su trabajo a los peones regulares, y que también juegan y roban un poco, tanto como para tener algún dinero suelto. Al romper las luces del día todo el mundo estaba despierto y sentado alrededor del hogar, tomando mate amargo y fumando cigarrillos; antes de que el sol saliera todos estaban a caballo juntando el ganado; al mediodía estaban de vuelta para el almuerzo. El consumo y el derroche de carne eran algo aterrador. Frecuentemente, después del almuerzo, hasta diez o quince kilos de carne hervida o asada eran echados en una carretilla y llevados al basurero, donde servían para alimentar veintenas de buitres, halcones y gaviotas, además de los perros. "


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