Ciencia Blancardina (fragmento)Eugenio Espejo

Ciencia Blancardina (fragmento)

"Únicamente con apuntar algo de lo que hay en este punto, creeré que quedarían asombrados esos hombres, si nos oyeran. Gracias a Dios que no nos oyen, porque de lo contrario levantarían la hueca voz, más aguda que el decir el Te Deum en Laudes de primera clase; y dirían que yo era soberbio y presumido, con otras mil cosas. Hablemos de tal modo que no se vean obligados a cerrarse con ambas manos o con sus mismas orejas de Midas, los oídos. Sea lo que fuere; digo que se necesita saber las reglas que trae Tirino y las que recomienda San Agustín. Walton, sobre el políglota inglés, trae otras en sus prolegómenos, y son dignas de saberse. Cornelio Alápide, aunque comentador por otra parte alegórico y nada exacto, no es despreciable en las reglas que trae al principio de sus comentarios. Yo aquí supongo el conocimiento de las lenguas orientales, a lo menos como requiere el docto Obispo de Canarias, Melchor Cano. Supongo la instrucción de la Cronología, Geografía e Historia Profana. Además de esto, veo que es indispensable estudiar hoy a los críticos, porque es necesario hacer el cotejo del Antiguo Testamento y del Nuevo, descubriendo en aquél las figuras y misterios, y en éste su ejecución y debido cumplimiento. En aquél debemos observar las profecías, que miraban a tantos hechos futuros, especialmente a la vida del Salvador y a las circunstancias, que habían de acompañar a la grande obra de su misericordiosísimo ministerio para el que bajó. En éste, estamos obligados a notar la misma doctrina y moral purísima del cristianismo, que estableció su Príncipe gloriosísimo y su primera Cabeza Jesucristo. El Nuevo Testamento, si bien lo advertimos, nos asegura, ya la nueva feliz del reino de los cielos, ya su goce y su posesión por la ignominia de la cruz y por la locura de la predicación en la que creemos, según nos avisa el Apóstol. El mismo nos pone delante el santísimo establecimiento de la Iglesia y las misteriosas predicciones que acerca de ella se encierran en sus divinas letras, y con especialidad en el sagrado libro del Apocalipsis. Decía, pues, que era necesario hacer este cotejo de los libros canónicos, y por consiguiente el saber formarlo, leyendo a los buenos críticos, que dan las mejores leyes para examinar cada libro de la Escritura en particular, su designio, el tiempo en que se escribió y las principales dificultades que contiene. Lo que acabo de decir, sin duda que asombrará. "


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