La sombra del eunuco (fragmento)Jaume Cabré

La sombra del eunuco (fragmento)

"Miquel sacó una tableta de las de ochenta por ciento de cacao, de las que todavía se tenían que comprar en Andorra. Para celebrar que por fin tenía trabajo estable, había hecho un viaje consumista a Andorra: su conciencia posrevolucionaria lo soportó bien; volvió cargado de chocolate para su tío, queso para su madre y discos y paisajes para su recuerdo. Su tío, mordisqueando una pastilla, prosiguió con su historia diciendo éramos el doctor Vilalta, un pianista y patólogo de Feixes que había empeñado la biblioteca de su abuelo por perseguir tréboles y corazones; un fabricante de Manresa que tenía un tic muy molesto; un jugador profesional de Barcelona y yo. Enseguida me pregunté cuál de los tres buitres iría a vivir a casa. Comerma, muy nervioso, nos presentó, informó a todos de la clase de apuesta que proponía yo, los demás ofrecieron recortes de fortuna, nos pusimos de acuerdo, Comerma miró el reloj, recogió su comisión y nos dejó solos con el humo del puro de Vilalta y el del hombre de Manresa. La habitación, sin ventanas, clandestina, escondida, era el rincón prohibido en el que cambiaban de manos los patrimonios de Feixes que no podían evitar jugarse el sudor al azar. Jugamos dos o tres manos para ver el estilo de cada cual y no me fijé en que el jugador de Barcelona todavía no había encendido ni un cigarrillo. Entonces dije que pondría el jardín encima de la mesa en cuanto quisieran. Se hizo el silencio y lo puse. Los demás se miraron de soslayo y no dijeron nada. El jugador profesional, que probablemente tenía más experiencia que el médico, se llevó la mano al bolsillo y, en vez de un fajo de billetes o un talonario, sacó una placa. "


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