Post Mortem (fragmento)Peter Terrin

Post Mortem (fragmento)

"Iban por un paisaje verde y ondulado, en la radio un éxito de verano de Kylie Minogue, con el estribillo: You got it! You’re wa-wa-wa-waw! Los dos cantaban siguiendo la música, Renée imitaba los sonidos, ambos daban palmas, bailaban en la silla y se sonreían el uno al otro en el retrovisor.
Cuida bien su bicicleta. Sin bicicleta no es nadie, queda tan indefenso como un vaquero sin caballo. Las distancias del barrio no son insalvables a pie, pero los demás tienen bici, así que se quedaría atrás todo el rato. Tendría que correr detrás de ellos continuamente temiendo que en cuanto llegase al sitio en el que el grupo se había detenido, decidiesen de repente irse a otro lugar sin que él pudiese impedirlo, que se montaran en las bicis de un salto y desaparecieran. Especialmente vergonzoso en su caso, puesto que es el mayor. Sin bicicleta, no puede imponer su voluntad. Ni él ni nadie. La bici es omnipotente, siempre es mayoría. Una rueda pinchada y el día se va al traste. Tienes que esperar que alguien te deje montar en el portapaquetes, pero no te espera nadie, tienes que anticiparte a los hechos, subirte a tiempo, y el acuerdo se puede romper unilateralmente en cualquier momento. Su bicicleta es un regalo del abuelo, por la confirmación, seis marchas, está encantado. Beheyt, Benoni Beheyt, el hombre fue campeón del mundo y ahora tiene una tienda de bicicletas, su nombre está escrito a mano en el tubo horizontal del cuadro. Pero cuando hacen carreras, él es Freddy Maertens. A la mitad de la calle ha recuperado la distancia que había perdido, a la llegada levanta los brazos. Esprintan, hacen carreras contrarreloj alrededor de la manzana y «se cierran», la gracia está en mantener el equilibrio para conseguir colocarte en una posición en la que acorrales a tu adversario contra la acera y lo obligues a poner un pie en el suelo. Sur place.
A dieciocho kilómetros de la meta, Steegman se despertó con un sobresalto. El pelotón mantenía a los escapados a cuarenta y cinco segundos de ventaja, a su alcance, tenían la carrera controlada. Eran más de las cuatro y media, la hora acordada para ir a recoger a Renée a la fiesta. Estaba tumbado en el sofá doble con los pies levantados. La etapa se había alargado, viento fuerte en contra. Sabía que Cavendish ganaría, todo el mundo lo sabía. Esperó por pereza. Ya que tenía la posibilidad de ver la llegada, lo haría.
Mieke y Paul, los padres de Amélie, vivían en el otro extremo de la calle, en la parte alta, en una curva. Decidió ir a pie. Con la cabeza un poco embotada por la siesta, no se sentía con humor para mantener una conversación. Ojalá Renée lo acompañase enseguida, sin protestar, que ya hubiese terminado el programa de la tarde, que no le tocase aguantar un guiñol. "



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