El sol de Breda (fragmento)Arturo Pérez-Reverte

El sol de Breda (fragmento)

"Recuerdo bien que aquel día funesto había un poco de sol, aunque fuera holandés; y estábame yo muy a su disfrute, sentado en un poyo que había en la puerta de la casa mientras leía con mucho agrado y provecho un libro que el capitán Alatriste solía dejarme para hacer prácticas de lectura. Era una fatigada primera edición, muy llena de malos tratos y manchas de humedad, de la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, impresa en Madrid en el quinto año del siglo –solo seis años antes de que yo naciera- por Juan de la Cuesta: libro maravilloso del buen don Miguel de Cervantes, que fue ingenio profundo y desventurado compatriota; pues de haber nacido inglés, o gabacho, otro gallo habríale cantado a tan ilustre manco en vida, y no a modo de gloria póstuma; única que una nación hechura de Caín como la nuestra suele reservar, y eso en el mejor de los casos, a la gente de bien. Holgábame mucho del libro, sus lances y ocurrencias, conmovido por la sublime locura del último caballero andante y también por la conciencia –así me lo había asegurado Diego Alatriste- de que en la más alta ocasión que vieron los siglos, cuando las galeras cargadas de infantería española se enfrentaron con la temible armada turca en el golfo de Lepanto, uno de los hombres valientes que aquel día pelearon espada en mano había sido el propio don Miguel: pobre y leal soldado de su patria, de su Dios y de su rey, como también lo fueron después Diego Alatriste y mi padre, y como estaba dispuesto a serlo yo mismo. "


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