Las Traquinias (fragmento) Sófocles

Las Traquinias (fragmento)

"DEYANIRA:
Amigas, mientras el huésped habla en la casa a las jóvenes cautivas antes de partir, a la puerta me salgo con vosotras, sin ruido, para contaros lo que con mis manos preparé y para lamentar con vosotras lo que sufro. No a una doncella, creo, sino a una desposada he recibido aquí, como un marino el cargamento, ruinosa mercancía de mi corazón. Y ahora somos dos a esperar bajo una sola colcha sus abrazos… ¡Tal es la recompensa que Heracles, el llamado leal y noble, me envía por cuidar de su casa tanto tiempo! En verdad yo no puedo enojarme con él, enfermo muchas veces de esta misma enfermedad, pero ¿qué mujer podría vivir con ésta, compartiendo sus bodas? Veo una juventud que va hacia delante y a otra que se marchita: gusta el ojo tomar la flor de la una, mientras que de la otra se aparta poco a poco el paso; esto, pues, temo: que Heracles sea llamado mi esposo, pero sea el varón de la más joven. Mas no está bien, como dije, que se irrite una mujer prudente. De lo que dispongo, amigas, un medio liberador, os hablaré. Tenía yo un antiguo don desde hace tiempo de un viejo centauro, escondido en cofrecillo de bronce. Lo tomé, siendo aún muchacha, de la sangre del moribundo Neso, el de velludo pecho. Éste, el profundo río Eveno pasaba a los mortales con sus brazos por salario, sin bogar con conductores remos ni por velas de nave. Y éste a mí, cuando por paterno envío seguí por primera vez a Heracles como esposa, me toca con lascivas manos, llevándome sobre sus espaldas, cuando estaba en medio de la corriente; entonces grité yo, y el hijo de Zeus, volviéndose, le lanzó una emplumada flecha que hasta los pulmones le llegó a través del pecho con agudo silbido. Y al morir el centauro pudo decirme sólo: “Hija del anciano Eneo, en esto te beneficiarás, si obedeces, de mi pasaje, puesto que a ti pasé yo la última: si recoges la sangre coagulada de mi herida con tus manos, allí donde la hidra de Lerna dejó tinto en negra hiel el dardo, será esto para ti un hechizo sobre el corazón de Heracles, de modo que a ninguna mujer que vea amará aquél más que a ti”. En esto pensé, oh amigas, porque lo tenía en casa bien guardado desde que aquél murió; impregné esta túnica cumpliendo cuanto él me dijo mientras vivía. Y están preparadas estas cosas. ¡Funestas audacias jamás sepa yo ni aprenda! Detesto a las audaces. Pero si con filtros y hechizos sobre Heracles puedo vencer a esta joven, trazada está la acción, si no parezco hacer algo insensato; que de lo contrario desistiré. "



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