Madrid sentimental (fragmento)Emiliano Ramírez Ángel

Madrid sentimental (fragmento)

"Por el camino desfilan automóviles que estelan hastíos y parejas que pierden besos. La riqueza y el amor no se detienen nunca; pero conocen una misma puesta de sol, y á esa hora dudosa todas las almas se parecen, proyectando la misma silueta.
Camino del Pardo: como todos los caminos, tienes una casita en tu linde, donde mora aquella buena hada que los antiguos nombraban Eirene, y escondida y quieta, pareces sitiada por el olvido. Es acaso la misma vivienda que divisamos desde la ventanilla de un vagón, cuando el tedio del viaje se nos va entrando por el alma y escapa por las pupilas.
¡Camino polvoriento y largo! Sobre ti pasan, durante las tardes gozosas de la primavera, amadores que recitan versos y capitanean cada estrofa con un beso. Pero eres trágico y eres implacable: tú les conduces al idilio, y les retornas á la Corte. Sin sentirlo apenas, traidoramente, nos vas llevando, paso á paso, desde esa serenidad de la casita blanca, á esa aglomeración de edificios orgullosos. Y cuando mueres en la glorieta de la Florida, surgen cuatro faroles rígidos que alzan sus llamas macilentas, como cuatro blandones.
A la puerta, bajo el resplandor tembloroso de los arcos, dos largas tiras de papel blanco atraen las miradas volubles de los transeúntes. Unas letras rojas, grandes, escuetas, dicen Estreno, y capitanean á un enjambre de letras negras más redondas, más chiquitas, confusas y apelotonadas. Un autor está en la picota, es decir, en el cartel.
Vamos á asistir al martirio ó á la apoteosis de un luchador. Vamos á ver cómo el silencio forma una laguna de fracaso donde se ahogará una vida, ó cómo al estrépito de las palmadas surge, despierta y regocijada, una gloria. Sobre el patio de butacas, desierto, flota un espíritu desconocido que puede reír, que puede apostrofar; que se guarece en los cortinajes de los palcos, que recorre la galería, que acecha en las butacas, esperando la hora única, definitiva, de dar el gran salto al escenario para asolar ó para hacer el bien.
¿Habéis visto algo más siniestro, algo más triste que un teatro vacío? Todo son oquedades y lugares de tránsito y silencios; reina una luz incierta, taimada, que tal vez puede ensancharse en una llamarada de triunfo; que muy bien puede considerarse como crepúsculo de una noche tenebrosa y larga.
Cuando entra alguien, los pasos se han quedado sin voz; cuando surge un siseo, se dilata trágico y augusto. Tiene amplitud de catedral y quietud de tumba: si la obra vence, el estrépito se torna clamoroso bajo el techo como bajo una bóveda; si la obra cae, vulgar é injuriada, el sepulcro se le abre con aquellas alfombras, aquellos cortinones, aquel aire corrompido de recinto cerrado. "



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